Por todas las Maricarmen, Betty y demás abandonados, perseguidos,
masacrados y desahuciados del mundo y de la historia…
Históricamente, los marcos
legales de todas las civilizaciones, incluidas las occidentales, han permitido,
regulado o normalizado conductas que hoy se consideran vulneraciones gravísimas
de los derechos humanos, al menos de cara a la galería, a la ciudadanía
engañada, desinformada y obediente. Veamos numerosos ejemplos…
Ayer, eran legales y practicados, incluso en Estados (Occidentales)
que se llamaban democráticos: el genocidio, el canibalismo, el asesinato, la
violación, el infanticidio y el abandono infantil, la tortura y el castigo físico,
la experimentación humana no consentida, la eugenesia y la esterilización
forzosa, la pederastia, el matrimonio infantil y forzado, el feminicidio, la
tortura judicial, la Inquisición; la prohibición y persecución de la homosexualidad,
la colonización, el tráfico de personas, la esclavitud, la segregación racial y
el apartheid, el III Reich, el holocausto, el Franquismo, el Fascismo, los
campos de concentración, la persecución por motivos religiosos, políticos,
sociales, raciales y de género, la prohibición del voto y otros derechos para
las mujeres, la prostitución, … y un interminable etcétera.
Hoy siguen siendo legales y practicadas numerosas de estas
aberraciones, repito, también en los Estados Occidentales que se hacen llamar
democráticos. Es más, el entramado legal y aberrante se ha perfeccionado y
multiplicado. Por ejemplo…
Hoy son legales, también en Occidente: la guerra (“justa” o injusta) en cualquiera de sus formas; el
Estado asesino de Israel; las invasiones, las colonizaciones, el genocidio;
Donald Trump (asesino, genocida, violador, pederasta, criminal de Estado, traficante
de personas, ladrón…); la fabricación de bombas nucleares, las armas de
destrucción masiva y la compra y venta de armas en general; la pena de muerte y
los asesinatos de Estado; el tráfico de personas practicado por los Estados y
la organización terrorista Naciones Unidas; las leyes de inmigración que no
ponen en el centro al ser humano; la explotación infantil llevada a cabo por las
grandes multinacionales, entre otros; la prostitución y sus redes y sistemas,
los proxenetas y los puteros; las Leyes Mordaza; los bloqueos económicos de un
Estado a otro; el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional,
responsables del suicidio, la ruina y el sufrimiento de millones de personas; los
paraísos fiscales y la optimización fiscal agresiva; los recates bancarios con
dinero público; el tráfico de influencias y la evasión fiscal de las élites y
los Estados; los chiringuitos y cátedras que la oligarquía político-económica
regala a sus familiares y amigos usando los impuestos de los ciudadanos; la especulación
con bienes de primera necesidad; las Organizaciones Gubernamentales disfrazadas
de ONG y la falsa cooperación al desarrollo, oficial y no oficial; los fondos
buitre y los desahucios de personas vulnerables; la corrupción política,
judicial y policial; las sectas, fundamentalmente las iglesias cristianas,
principales genocidas y pederastas de la historia y del presente; el comercio
de datos personales y el capitalismo de vigilancia; la Inteligencia Artificial;
la obsolescencia programada, los crímenes ambientales y el ecocidio; y un
infinito etcétera.
El CAPITALISMO ha utilizado y sigue utilizando las pseudodemocracias parlamentarias y los entramados legales de los Estados para legitimar
todo ello y ejercer su control sobre las poblaciones civiles, que quedan
indefensas y carecen de capacidad de maniobra y de recursos para combatir las
injusticias legales e ilegales de los Estados y sus oligarquías (políticas,
económicas y sociales), que además controlan los tribunales de justicia y las
fuerzas de seguridad civiles y militares para reprimir a la ciudadanía.
La estrategia legitimadora y represiva queda completada con la trampa
perfecta: el voto. Cuando votamos en
las falsas democracias parlamentarias, estamos legitimando todo lo dicho, el CONTRATO SOCIAL. Da igual qué partido
gane, lo aceptamos. La ideología y la política no existen realmente, son
propaganda autolegitimadora del sistema. Siempre
ganará la oligarquía capitalista y antidemocrática. Así, la máquina “democrática”
y “legal” represora queda eterna y perfectamente engrasada y blanqueada. Pierde,
sufre y muere la inmensa mayoría, la masa ciudadana, las clases medias y bajas:
los esclavos.
A estas alturas de la película,
seguir llamando democracias a las dictaduras y oligarquías dictatoriales
capitalistas de Occidente y de Oriente, del Norte y del Sur, es una falsedad y
un insulto.
Si verdaderamente queremos construir
un sistema democrático y justo para todos o para la inmensa mayoría, no basta
con el voto y con la simple resistencia y las protestas ajustadas al marco
legal establecido por la jerarquía económico-política del capitalismo. Primero
y de manera imperativa debemos acabar con
la dictadura capitalista y su tela de araña, las falsas democracias
parlamentarias. Frente a toda esta farsa legal y pseudodemocrática…
¡¡¡ NO VOTES !!! ¡¡¡ TOMA LAS CALLES !!!
¡¡¡ DESOBEDIENCIA CIVIL GENERALIZADA !!!
¡¡¡ HUELGAS GENERALES INDEFINIDAS !!!
Fuente: Portal Libertario Oaca
La dictadura del trabajo
« Se vive bajo una dictadura económica, también llamada capitalismo autoritario... El concepto de ciudadano ha sido sustituido por el de cliente. »
« [El capitalismo] ha introducido la idea de que si tú fracasas, la culpa es tuya. »
« Lo que se está preparando en el planeta es un mundo para los ricos. Habrá pobres, pero el mundo será para el disfrute de los ricos... La alternativa al neoliberalismo se llama conciencia. »
(José Saramago)