“El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.” (Friedrich Nietzsche)
“Perder la propia individualidad y convertirse en un mero engranaje de una máquina está por debajo de la dignidad humana.” (Mahatma Gandhi)
“No despreciéis la sensibilidad de nadie. La sensibilidad de cada cual es su genio.” (Charles Baudelaire)
Una madre española, blanca y burguesa le dijo a su hijo de 7 años, justo antes de subir al autobús que lo llevaría a un campamento: "No juegues con los niños gitanos y moros, no te acerques a ellos, te quitarán lo que es tuyo y te harán daño". El propio crío te lo confiesa días después, en la espontaneidad, la ingenuidad, la inocencia y la verdad de la infancia, que los padres y la sociedad se encargarán de asesinar de forma lenta pero efectiva y segura.
Esa "madre" acostumbra a dejar a su hijo con la única compañía del Fortnite, un célebre y globalmente viralizado videojuego, ideado para mayores de 12 años y que consiste en matar a otros de las más diversas maneras posibles e imposibles. Huelga decir que este estilo y dogma (des)educativos no son una excepción, son la norma más o menos explícita.
El año pasado, un migrante, encerrado y maltratado por europeos en el campo de concentración de Moria, en Lesbos, me dijo que el sentimiento más espontáneo, sencillo, natural y poderoso que uno puede sentir es el odio. (Recuerdo que pronunció la palabra "poderoso" dos veces, con énfasis, mientras parecía sujetarse el corazón con la mano para que no se le saliera del pecho). Especialmente en un mundo/sistema en el que imperan el egoísmo y el pensamiento único. De hecho, ni siquiera es necesario educar al ser humano en el odio, basta con dárselo de comer cada día, maltratándole, arrebatándole su dignidad. El amor, sin embargo, requiere de curiosidad, deseo de conocer, aprendizaje, esfuerzo, paciencia, tiempo y reciprocidad.
Por eso hoy predomina el odio, porque el ser humano no desea esforzarse, enseñar y aprender a amar. No quiere emplear su tiempo en conocer. Y, recordemos a Paracelso, se ama lo que se conoce, y quien no conoce no ama. Al contrario, el ser humano anhela satisfacciones inmediatas, fáciles, frívolas, de un solo sentido, el propio. "Amará" a quien le provea o crea que puede proveerle de todo ello. Y, al contrario, despreciará y odiará a quien considere una amenaza para su modo de vivir/recibir, suponga o no el otro una amenaza real. Reminiscencias de Fromm: hay dos tipos de personas, las que se inclinan por el "ser" y las que lo hacen por el "tener".
La mayoría de los padres del Norte educan así a sus hijos, en el amor a sí mismos primero y, por extensión y correspondencia, el rechazo al diferente y/o al que viene de un lugar más o menos pobre y desconocido para, supuestamente, poner en peligro o arrebatarnos las cosas y espacios que creemos nuestros. Este es el mundo/sistema en el que vivimos. Uno que sólo cabe destruir para construir otro caracterizado por el CONOCER, el SER,... el AMAR.
LOVE & HATE
(Michael Kiwanuka)
Standing now
Calling all the people here to see the show
Calling all my demons now to let me go
I need something, give me something wonderful
I believe
She won't take me somewhere
I'm not supposed to be
You can't steal the things that God has given me
No more pain and no more shame and misery
You can't take me down
You can't break me down
You can't take me down
(bis)
Love and hate
How much more are we supposed to tolerate?
Can't you see there's more to me than my mistakes?
Sometimes I get this feeling, makes me hesitate
I believe
She won't take me somewhere
I'm not supposed to be
You can't steal the things that God has given me
No more pain and no more shame and misery
You can't take me down
You can't break me down
You can't take me down
(bis)
I can see a place of trouble
And I'm on the verge
For the love of everybody
I need something more
Now I feel some days of trouble
I'm in the house of war
For the love of everybody
Look behind the wall
Standing now
Calling all the people here to see the show
Calling all my demons now to let me go
I need something, give me something wonderful
Siento vergüenza de mí misma. Más que eso. Siento miedo. Al margen de mi tendencia a provocar e incendiar, que hace siglos está asumida y justificada (creo), me da miedo en qué me está convirtiendo el mundo en que vivimos, en qué estoy dejando que me convierta. ¿Por qué digo esto? ¿Por qué esta introspección brutal y la autocrítica despiadada?
Pues bien, arreglando y mejorando cosillas de mi refugio catártico, repasando las etiquetas de este blog, esas que aparecen en azul y mayúsculas debajo de cada artículo y numeradas en la columna de la derecha, he reparado en que la etiqueta "AMOR" solo tiene 11 entradas. O sea que solo trato el tema "AMOR" en 11 artículos del total de 269 que he publicado hasta ahora. Sin contar este. Esta etiqueta (tema) se encuentra en el puesto 23º de un total de 1.060. Por ejemplo, he hablado más de "dictadura global" (36 veces), "crisis económica" (23 veces) y "capitalismo" (20 veces)... que de "AMOR" (11 veces).
Y... ¡desolación absoluta! Desde el 24 de noviembre no aparece la etiqueta "AMOR" en ninguno de mis artículos. Vale que una no soporte las convenciones y rehúse a hablar de AMOR el 14 de febrero. Pero... ¡desde el 24 de noviembre no escribo sobre el AMOR en mi blog! Qué tristeza. Qué vergüenza. Qué espíritu decadente. Qué miedo. ¿La humanista deshumanizada? ¡Inadmisible!
Puede que haya defraudado a los que me quieren. Quizá mis detractores ahora se colman de razones y se carcajean. Pero voy a ponerle remedio:
AMOR LOVE AMOUR AMORE LIEBE 爱情 ΑΓΑΠΗ 愛 الحب AŞK ЛЮБОВЬ प्यार אהבה ভালোবাসা LJUBAV ЛОВЕ محبت LIEFDE MIŁOŚĆ DRAGOSTE MAITASUN KUYAY TLAZOHTILIZTLI AMO 사랑 ความรัก BOLINGO عشق UPENDO Սեր GRÀDH પ્રેમ ÄLSKA LÁSKA RAKKAUS KJÆRLEIK LEAFDE DASHURIA KÄRLEK KÆRLIGHED SZERELEM LEEVDE ARMASTUS MEILĖ MĪLESTĪBA Любов ÁST സ്നേഹം CINTA Хайр Таптал ÌFË FITIAVANA ÁI KARANTEZ PENDO PAG-IBIG அன்பு HIGUGMA ALOHA JACEYL ЉУБОВ SEVGI ప్రేమ CARIAD Ишқ IMĦABBA
Reproducción de Troy Caperton a partir de la pintura original, hallada en 1964 sobre la pared de la cueva de la tumba real, en la necrópolis de Saqqara (Egipto). Datada en 2.400 a.C., representa a una pareja de manicuros empleados en el palacio del rey Niuserre (V dinastía).
sociedad enferma de exceso y defecto de todo Días consumistas estos. Aunque... ¿cuál no lo es?
Consumismo: "Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios." (R.A.E.)
Decía el sociólogo y economista Thorstein Veblen que el consumismo está íntimamente ligado a (provocado por) la ociosidad y la "propensión emulativa universal" que manifiesta el ser humano, o sea, disponer de tiempo libre más nuestra tendencia a copiar lo que hace el otro. En el mundo consumista actual, es el American way of life: cuanto más consumes, más eres.
Esa idea y su propaganda asocian el consumo a la felicidad, a la autorrealización y, por ende, tenemos una sociedad obsesionada con las posesiones, de la que hablaba Erich Fromm. (Os remito a mi artículo "De Diógenes: ser y tener", 1ª parte de este).
En el siglo XIX, frente al industrialismo brutal y la moral puritana del trabajo, algunos intelectuales-escritores (Stendhal, Thoreau, Lafargue, R.L. Stevenson...) reivindicaban el valor de la ociosidad y la insumisión con respecto al trabajo exorbitante, que privaba a los hombres y mujeres de libertad, de tiempo libre, de la oportunidad para establecer relaciones humanas de calidad, de la posibilidad de vivir la vida y ser felices.
Pero la burguesía de finales del XIX y comienzos del XX se apropió de esa idea inicial, de los principios honestos y sanos, pervirtiéndolos. Los acomodó al capitalismo. Pues como apunta Veblen en La teoría de la clase ociosa (The Leissure Class. 1899), el resultado de la ociosidad de los acomodados (plutócratas) más la mencionada propensión emulativa universal, donde entran en juego la comparación de patrones como la proeza o la riqueza y donde se trata de conseguir la estima (ser más) y/o evitar el menoscabo del prestigio (no ser menos), el resultado, dice, sería la necesidad de tener o aparentar que se tiene lo que no se tiene y de consumir a toda costa, aunque ello significase privarse de algo necesario y sano o endeudarse.
Se desvinculó el consumo de la mera satisfacción de las necesidades básicas y del auténtico bienetar del ser humano, para asociarlo a la emulación, a elementos simbólicos, a lo ostensible, a la conformación de una identidad a partir de la insana acumulación de bienes materiales.
La fórmula, inteligentemente difundida por la burguesía entre las clases medias, que se multiplicaron en el siglo XX, más algunos derechos laborales para éstas, como la reducción de la jornada laboral y, por consiguiente, el incremento del tiempo libre, más la hiperproducción para satisfacer necesidades ficticias, más la construcción de grandes almacenes y superficies en las ciudades, más inventos como la tarjeta de crédito, más patrones de consumo y moda (publicidad) convenientemente erigidos en símbolos de estatus e identidad social, etc, nos han llevado al panorama consumista actual. Tenemos tiempo libre, nos sentimos ociosos, nos bombardean con publicidad, envidiamos al vecino que tiene algo que no tenemos, compramos.
Como bien dijo dios Saramago: "El capitalismo clásico explotaba a los asalariados; el neocapitalismo explota a los consumidores. Es necesario que las mayorías acumulen cosas para que las minorías acumulen capital."
Y se cierra el círculo vicioso-ocioso. El American way of life nos parece el único modelo posible. Un pensamiento único. Una única forma de vivir: CONSUMIR.
Todo esto se encuentra muy lejos del "grito" de Lafargue en defensa del derecho a la humilde y rebelde pereza. Muy lejos de la convicción de Thoreau de que nada empobrece más que la riqueza, porque no es necesario el dinero para comprar lo que necesita el alma, ya que somos ricos según el número de cosas de las que podemos prescindir. Somos ricos utilizando sana y honestamente nuestra ociosidad. .
"¿Cuándo la sociedad de consumo llegará a la saciedad de consumo?" (Quino, Mafalda)
Hay que estar siempre borracho.
Todo consiste en eso:
es la única cuestión.
Para no sentir
la carga horrible del Tiempo,
que os rompe los hombros
y os inclina hacia el suelo,
tenéis que embriagaros sin tregua.
Pero ¿de qué?
De vino, de poesía o de virtud, de lo que queráis.
Pero embriagaos. (Charles Baudelaire)
..........No importa que la flecha no alcance el blanco
Mejor así ..........No capturar ninguna presa ..........No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo ..........la trayectoria ..........el impulso ..........el tramo de aire recorrido en su ascenso ..........la oscuridad que desaloja al clavarse
vibrante ..........en la extensión de la nada
.
La flecha nunca llegará a su destino, es el aleph de Borges. Es incapaz de seguir la línea recta, como el poema, cuyos versos flotan en el aire, imitándola. Por eso está condenada al eterno devenir. Flecha errante, vagabunda, igual que las palabras y los vacíos que la versifican.
La flecha es el flâneur de Walter Benjamin (recuerdos de Baudelaire), un caminante que pasea por la ciudad solamente por el placer de perderse entre las calles, los cafés y los pasajes de las ciudades modernas. Es un vagabundeo intencional que no tiene un tiempo de llegada y, aún menos, un punto fijado donde concluya su jornada.
Frente a la meta como exclusividad inhumana y fría, la humanidad y la belleza del recorrido; frente a ese éxito espúreo por el que todos babean y que nunca les hará realmente felices, el placer y el disfrute del "simple" peregrinar; y frente a la fealdad del materialismo, la estética del camino como teleología.
Es una oda a la libertad y al individualismo desprovisto de egoísmo. Y también es una oda a la creatividad desde la nada. Es el sueño del ser humano libre y desprejuiciado, dispuesto a dar a luz belleza en un mundo que camina en otra dirección.
El arquero que dispara esa flecha desea, por encima de todo, que triunfe el acto poético, la individualidad libre de ataduras, la creación desde la nada. Que cada cual siga su trayectoria sin dar explicaciones de ella a nadie. Que el individuo desoiga los mandatos y convencionalismos de la sociedad en que vive, que le oprime y le esclaviza, impidiéndole ser él mismo. Que expresemos nuestros pensamientos y nuestros sentimientos en libertad y sin temor a los demás, sin temor a nada.
Así comienza la verdadera creación. ¡Viva el acto poético libre!
"He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada." (Gabriel García Márquez) .
Decía Alejandro Casona que la belleza es la otra forma de la verdad. Y Platón que, en realidad, la belleza es el esplendor de la verdad. Por eso no necesita explicación.
En un mundo apresurado, que divaga a la velocidad de la luz, que idolatra lo superfluo, la frivolidad, la belleza externa que dictan los cánones de cada época,... uno debería realizar, al menos de cuando en cuando, un verdadero ejercicio catártico, un ejercicio de honestidad, purificar el alma, buscar la verdadera belleza e inundarse de ella. Porque buscar la belleza es buscar la felicidad.
Etimológicamente, Catarsis (Κάθαρσις) significa purga, purificación. En la antigua Grecia se realizaban constantes rituales para purificar a las personas y a las cosas que se creía afectadas de impurezas. En su Poética, Aristóteles adjudicaba al teatro y a otros espectáculos un papel fundamental para este fin: contemplar la tragedia para purificarse del terror, para aprender a experimentar sensaciones como la compasión y desarrollar la capacidad de empatía.
La tragedia griega era la representación bella de un mundo brutal, despiadado, horrible, gobernado por la guerra, la enfermedad, los miedos, la soledad, la tristeza... Contemplar la representación bella de ese mundo purificaba el alma de los griegos, les invitaba a apiadarse de él, a sentirse parte de él y a luchar por él. El comienzo de la búsqueda de la felicidad está en las profundidades, en la oscuridad, en la tristeza, en el sufrimiento.
Por eso cada cual debería realizar su catarsis con más frecuencia. No solo por las razones apuntadas para los griegos, que ya son más que suficientes, sino por una simple cuestión de búsqueda de placer y verdad frente al dolor y la frivolidad. Por eso hay que jugar a ser griegos y, de repente, o no tan de repente, dejarlo todo, detenerse y observar de verdad las cosas, a las personas, escuchar. Ni siquiera hablar, porque hablar no deja de ser un acto invasivo, aunque nuestros propósitos sean buenos, aunque pronunciemos palabras de amor. Sencillamente detenerse, observar y escuchar. "Solo" eso. De esa forma podemos encontrar la auténtica belleza. De esa forma podemos lograr momentos de felicidad, incluso en la tristeza.
Mi adorado Carlos Fuentes escribió una rareza maravillosa llamada En esto creo. Es una especie de diccionario personal, vital, que hago mío. En este caso os dejo lo más importante de su definición de "Belleza", que es extraordinaria. Por supuesto, os recomiendo la lectura de toda la obra.
.
BELLEZA
.
"Sócrates se sabía feo y rogaba por «la belleza interna». Creo que no hay disposición más certera para juzgar «lo bello» que ésta: pedirle al cuerpo que sea guía hacia el alma y, al alma, que nos permita entender la posible armonía entre cuerpo y espíritu. Implícita en nuestra vida está la cuestión de cómo se relacionan el alma y el cuerpo. ¿Son inseparables, sólo los divide la neurosis o la muerte, sobrevive el alma al cuerpo o mueren, abrazados, la una con el otro?
Lo feo es el cuerpo sin forma. El artista trata de reunir todo lo disperso. No importa el tema, dolor, muerte, nacimiento, revolución, poder, orgullo, vanidad, sueño, memoria, voluntad, no importa qué cosa anime al cuerpo con tal de darle forma y entonces deja de ser feo y Sócrates tiene razón. La belleza sólo le pertenece al que la entiende, no al que la tiene. La belleza no es más que la verdad de cada uno de nosotros.
La verdad y la belleza de los cuerpos pero también de los juegos, de los sueños, de la solidaridad, de la atención que le ponemos a las cosas y a los seres, de la comida y la bebida, del poema y del canto, de la memoria y de la imaginación, la belleza de la naturaleza, de la muerte y del misterio del día y de la noche.
En Los años con Laura Díaz, pongo estas palabras en boca de una Frida Kahlo imaginaria, herida y sangrante en una cama de hospital:
Puedes mirarme sin pudor... decir que me veo horrible, que no te atreves a mostrarme el espejo, que a tus ojos hoy no soy bella, en este día y este lugar no soy bonita, y yo no te contesto con palabras, te pido en cambio unos colores y un papel y convierto el horror de mi cuerpo herido y mi sangre derramada en mi verdad y mi belleza, porque sabes, amiga mía de verdad, de verdad mi cuata mía a toda madre, ¿sabes?, conocernos a nosotros mismos nos vuelve hermosos porque identifica nuestros deseos. Cuando desea, una mujer siempre es bella...
(...) Pobre sería el arte de la belleza visual si excluyese la prolongación de la mirada en lo táctil, lo auditivo, lo olfativo, lo «gostoso», como dicen los lusoparlantes. Y es que los seres humanos deseamos un placer infinito que abarque todos nuestros sentidos.
Pero no nos contentamos con ello. Deseamos siempre algo más, algo que quizás ni siquiera sepamos concebir, pero que nuestra imaginación y nuestros sentidos buscan, exigen, imaginan aunque ni siquiera lo conciban. «Oh inteligencia, soledad en llamas, que todo lo concibe sin crearlo.» Esta profunda intuición de José Gorostiza en el más grande poema mexicano del siglo XX, le da palabras al gran dilema de la residencia en la tierra: Desear una satisfacción infinita, pero que al mismo tiempo sea temporal, un aquí y un ahora.
La belleza entrega su cuerpo no para decirnos que nos contentemos con lo que el mundo nos da, no para limitar nuestro deseo y pedirnos una conformidad cualquiera, sino para hacernos el regalo de un cuerpo presente, un cuerpo aquí y ahora que no sacrifica, sin embargo, ninguna de sus posibilidades, ninguno de sus puede y ninguno de sus nunca. En el arte se encuentran, para quien sepa mirar, el ideal del cuerpo y su negación; la armonía del cuerpo con el alma pero también su posible desarmonía; la presencia del cuerpo pero también su inevitable ausencia; su placer pero también su dolor."
"Que procedas del cielo o del infierno, qué importa,
¡Oh, Belleza! ¡Monstruo enorme, horroroso, ingenuo!
Si tu mirada, tu sonrisa, tu pie me abren la puerta
De un infinito que amo y jamás he conocido." (Charles Baudelaire, Himno a la belleza)
"Quitad de los corazones el amor por lo bello, y habréis
quitado todo el encanto a la vida."
(Jean-Jacques Rousseau) .
"Está la belleza y están los humillados. Cualesquiera que sean las dificultades de la empresa, me gustaría no ser jamás infiel ni a la una ni a los otros" (Albert Camus).
"El acto de desobediencia como acto de libertad es el comienzo de la razón" (Erich Fromm). "Hay que vivir a la contra" (José Saramago).