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LA FLECHA
..........No importa que la flecha no alcance el blanco
Mejor así
..........No capturar ninguna presa
..........No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo ..........la trayectoria ..........el impulso
..........el tramo de aire recorrido en su ascenso
..........la oscuridad que desaloja al clavarse
vibrante
..........en la extensión de la nada
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La flecha nunca llegará a su destino, es el aleph de Borges. Es incapaz de seguir la línea recta, como el poema, cuyos versos flotan en el aire, imitándola. Por eso está condenada al eterno devenir. Flecha errante, vagabunda, igual que las palabras y los vacíos que la versifican.
La flecha es el flâneur de Walter Benjamin (recuerdos de Baudelaire), un caminante que pasea por la ciudad solamente por el placer de perderse entre las calles, los cafés y los pasajes de las ciudades modernas. Es un vagabundeo intencional que no tiene un tiempo de llegada y, aún menos, un punto fijado donde concluya su jornada.
Frente a la meta como exclusividad inhumana y fría, la humanidad y la belleza del recorrido; frente a ese éxito espúreo por el que todos babean y que nunca les hará realmente felices, el placer y el disfrute del "simple" peregrinar; y frente a la fealdad del materialismo, la estética del camino como teleología.
Es una oda a la libertad y al individualismo desprovisto de egoísmo. Y también es una oda a la creatividad desde la nada. Es el sueño del ser humano libre y desprejuiciado, dispuesto a dar a luz belleza en un mundo que camina en otra dirección.
El arquero que dispara esa flecha desea, por encima de todo, que triunfe el acto poético, la individualidad libre de ataduras, la creación desde la nada. Que cada cual siga su trayectoria sin dar explicaciones de ella a nadie. Que el individuo desoiga los mandatos y convencionalismos de la sociedad en que vive, que le oprime y le esclaviza, impidiéndole ser él mismo. Que expresemos nuestros pensamientos y nuestros sentimientos en libertad y sin temor a los demás, sin temor a nada.
Así comienza la verdadera creación. ¡Viva el acto poético libre!