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lunes, 3 de mayo de 2010

LOA DE LA DUDA (Bertolt Brecht)

¡atrévete a dudar!
Estos son probablemente los versos más subversivos de la historia.
¡duda!
¡Loada sea la duda! Os aconsejo que saludéis
serenamente y con respeto
a aquel que pesa vuestra palabra como una moneda falsa.
Quisiera que fueseis avisados y no dierais
vuestra palabra demasiado confiadamente.

Leed la historia. Ved
a ejércitos invencibles en fuga enloquecida.
Por todas partes
se derrumban fortalezas indestructibles,
y de aquella Armada innumerable al zarpar
podían contarse
las naves que volvieron.

Así fue como un hombre ascendió un día a la cima inaccesible
y un barco logró llegar
al confín del mar infinito.

¡Oh hermoso gesto de sacudir la cabeza
ante la indiscutible verdad!
¡Oh valeroso médico que cura
al enfermo ya desahuciado!

Pero la más hermosa de todas las dudas
es cuando los débiles y desalentados levantan su cabeza
y dejan de creer
en la fuerza de sus opresores.

¡Cuánto esfuerzo hasta alcanzar el principio!
¡Cuántas víctimas costó!
¡Qué difícil fue ver
que aquello era así y no de otra forma!
Suspirando de alivio, un hombre lo escribió un día en el libro del saber.

Quizá siga escrito en él mucho tiempo y generación tras generación
de él se alimenten juzgándolo eterna verdad.
Quizá los sabios desprecien a quien no lo conozca.
Pero puede ocurrir que surja una sospecha, que nuevas experiencias hagan conmoverse al principio. Que la duda se despierte.
Y que, otro día, un hombre, gravemente,
tache el principio del libro del saber.

Instruido
por pacientes maestros, el pobre oye
que es este el mejor de los mundos, y que la gotera
del techo de su cuarto fue prevista por Dios en persona.

Verdaderamente, le es difícil
dudar de este mundo.
Bañado en sudor, se curva el hombre construyendo la casa en que no ha de vivir.

Pero también suda a mares el hombre que construye su propia casa.
Son los irreflexivos los que nunca dudan.
Su digestión es espléndida, su juicio infalible.
No creen en los hechos, sólo creen en sí mismos.
Si llega el caso, son los hechos los que tienen que creer en ellos.
Tienen ilimitada paciencia consigo mismos. Los argumentos
los escuchan con oídos de espía.

Frente a los irreflexivos, que nunca dudan,
están los reflexivos, que nunca actúan.
No dudan para legar a la decisión, sino
para eludir la decisión. Las cabezas
sólo las utilizan para sacudirlas. Con aire grave
advierten contra el agua a los pasajeros de naves hundiéndose.

Bajo el hacha del asesino,
se preguntan si acaso el asesino no es un hombre también.
Tras observar, refunfuñando,
que el asunto no está del todo claro, se van a la cama.
Su actividad consiste en vacilar.
Su frase favorita es:”No está listo para sentencia”.

Por eso, si alabáis la duda,
no alabéis, naturalmente,
la duda que es desesperación.
¿De qué sirve poder dudar
a quien no puede decidirse?
Puede actuar equivocadamente
quien se contente con razones demasiado escasas,
pero quedará inactivo ante el peligro
quien necesite demasiadas.

Tú, que eres un dirigente, no olvides
que lo eres porque has dudado de los dirigentes.
Permite, por lo tanto a los dirigidos
dudar.

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[Bertolt Brecht (1932), Poemas y canciones. Madrid: Alianza Editorial.]
¡duda!

Bertolt Brecht (1898-1956)
Fuente:
Atril
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"Pero la más hermosa de todas las dudas
es cuando los débiles y desalentados levantan su cabeza
y dejan de creer
en la fuerza de sus opresores."

(Bertolt Brecht)
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domingo, 4 de abril de 2010

PROSAS APÁTRIDAS, AUMENTADAS (Julio Ramón Ribeyro)

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Comparto estos pensamientos del cuentista peruano:

31
No hay que exigir en las personas más de una cualidad. Si les encontramos una debemos ya sentirnos agradecidos y juzgarlas solamente por ella y no por las que les faltan. Es vano exigir que una persona sea simpática y también generosa o que sea inteligente y también alegre o que sea culta y también aseada o que sea hermosa y también leal. Tomemos de ella lo que pueda darnos. Que su cualidad sea el pasaje privilegiado a través del cual nos comunicamos y nos enriquecemos.

82
A veces descorro el visillo y lanzo una mirada ávida sobre el mundo, lo interrogo, pero no recibo ningún mensaje, salvo el del caos y la confusión: automóviles que circulan, peatones que cruzan la plaza, negocios que encienden sus luces, excavadoras que aran un terreno baldío, pájaros extraviados buscando un remanso en el bullicio. Son los días nefastos, en los cuales nada podemos desentrañar, pues nuestra conciencia está excesivamente embarazada por la razón y nuestros ojos empañados por la rutina. Limpiar ambos de lo que los estorba no es una tarea fácil. A veces se consigue por un esfuerzo de concentración, otras viene naturalmente, gracias a un trabajo interior en el cual no hemos deliberadamente participado. Solo entonces la realidad entreabre sus puertas y podemos vislumbrar lo esencial.

97
Somos un instrumento dotado de muchas cuerdas, pero generalmente nos morimos sin que hayan sido pulsadas todas. Así nunca sabremos qué música era la que guardábamos. Nos faltó el amor, la amistad, el viaje, el libro, la ciudad, capaz de hacer vibrar la polifonía en nosotros oculta. Dimos siempre la misma nota.

150
Me despierto a veces minado por la duda y me digo que todo lo que he escrito es falso. La vida es hermosa, el amor un manantial de gozo, las palabras tan ciertas como las cosas, nuestro pensamiento diáfano, el mundo inteligible, lo que hagamos útil, la gran aventura el ser. Nada en consecuencia será desperdicio: el fusilado no murió en vano, valía la pena que el tenor cantara ese bolero, el crepúsculo fugaz enriqueció a un contemplativo, no perdió su tiempo el adolescente que escribió un soneto, no importa que el pintor no vendiera su cuadro, loado sea el curso que dictó el profesor de provincia, los manifestantes a quienes dispersó la policía trasformaron el mundo, el guiso que me comí en el restaurant del pueblo es tan memorable como el teorema de Pitágoras, la catedral de Chartres no podrá ser destruida ni por su destrucción. Cada persona, cada hecho es el nudo necesario al esplendor de la tapicería. Todo se inscribe en el haber del libro de cuentas de la vida.
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(Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas, Aumentadas, 1986).
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Julio Ramón Ribeyro (1929-1994).
Fuente:
Letras Libres -
"Julio Ramón ribeyro (1929-1994)"

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"Hay algo que anda mal en mí y me hace inepto para la felicidad"
(Julio Ramón Ribeyro)

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sábado, 26 de diciembre de 2009

LA IMPORTANCIA DE NO VERLO CLARO

duda, así sabrás que existes
"Quien todo lo entiende es que está mal informado", decía un sabio chino. Sin embargo, tenemos la necesidad vital, atávica y neurótica de verlo todo claro. Por eso tendemos a creer que las cosas son diáfanas y concluyentes, para autofacilitarnos el proceso, porque nos angustia el no entender.

Al respecto, dice el filósofo Rubert de Ventós que "sólo cuando comenzamos a querer de verdad a una persona o una cosa es cuando sentimos los límites de nuestro conocimiento de ella". En realidad, como mucho sólo creemos entender perfectamente aquello que, en el fondo, no nos importa demasiado. De ahí que la famosa discusión sobre que hay que conocer algo antes de amarlo o viceversa quede en entredicho o, como mínimo, matizada: sólo el amor o el interés por algo o por alguien nos hace sentir el alcance de nuestra ignorancia sobre ello. El amor nos ofrece el verdadero panorama, la medida de la torpeza de nuestro entendimiento. Es muy cierto. Y es necesario y maravilloso que ocurra esto.

Tendríamos que observar y atender un poco más, sólo por el placer de hacerlo, sin tener presente siempre, de forma obsesiva, la necesidad de entender y de preguntarnos el porqué de todas las cosas. Porque como bien apunta Rubert de Ventós, "la búsqueda obsesiva de un «sentido» para todo acaba así fácilmente en la paranoia". Lo ejemplifica muy bien una viñeta de Mafalda que el filósofo recoge en su imprescindible Por qué filosofía (1990):
...

Mafalda y Susanita (Quino)
Fuente: Por qué filosofía (X. Rubert de Ventós).
Península, Madrid, 1990).
 

Me avergüenza sorprenderme a mí misma siendo a veces Susanita. Y es que con frecuencia ese imperativo de saberlo todo, calificarlo e interpretarlo responde más a nuestra necesidad de apaciguamiento que al deseo de conocer. Es ansiedad más que curiosidad, es miedo a desconocer ciertas cosas más que interés por conocerlas. 

Noscere audere (osar saber) debería complementarse (quizás en ocasiones suplirse) con nescere audere (osar ignorar). Algo así como volver a ser niños y hacer un millón de preguntas, a nosotros mismos y a los demás. Porque son esas preguntas inesperadas, a veces aparentemente tontas, las que nos mantienen despiertos y evitan que demos todo por supuesto o que caigamos en la ansiedad.

A veces, la necesidad enfermiza de verlo claro nos lleva a situar los problemas, a definir los acontecimientos y a colocar las preguntas allí donde quisiéramos que estuvieran, sólo para no tener que cuestionarnos de veras. Esto no es más que recortar el mundo a la medida de nuestras necesidades, "a la medida de los compartimentos mentales o culturales que tenemos ya preparados para entenderlo" (Rubert de Ventós).

Como el borracho que perdía cinco duros y los buscaba en torno a una farola. No los había perdido allí, pero él decía que como allí había luz para buscarlos..., pues en torno a la farola los buscaba. Muchas veces somos como él, nos construimos la ilusión de que los problemas están donde podemos controlarlos. Y no es así. Porque habitualmente están donde no se dejan detectar y manipular con facilidad.

Volviendo a Rubert, quizás debamos "poner en contacto lo que sabemos con lo que sentimos, lo que pensamos con lo que hacemos; desconfiar de las explicaciones que satisfacen", arriesgarnos a ver más de lo que creemos o queremos ver, porque "a menudo el afán de certeza y la búsqueda de la verdad se excluyen".

Por eso es muy cierto lo que Sócrates le decía a su esclavo en el Menón: para descubrir en nosotros mismos lo que de verdad son las cosas es preciso olvidar lo que creemos saber ya. Y, por eso, la figura de Sherlock Holmes (Grissom y/o House) sobresale frente a la de Watson (el resto de CSIs y/o equipo de doctores), que también tiene su importancia. Watson llegaba a la escena del crimen y rápidamente veía lo importante, lo significativo -un cuchillo sobre una mesa o un perchero cubierto de sangre-, mientras que Holmes se detenía en los detalles aparentemente sin importancia, en lo supuestamente trivial: una vela que debiera haberse consumido si el asesinato se cometió a tal hora, pero que aún quema.

Así se producen los verdaderos descubrimientos, las nuevas visiones de las cosas. Se trata de romper los esquemas convencionales que definen lo Relevante y lo Irrelevante, el Mensaje y el Ruido, los Medios y el Fin.

Se trata, en conclusión, de no avergonzarnos y dar más importancia a no verlo claro, de volver a preguntar como niños, de aprender a observar y a pensar desprendidos de prejuicios, convencionalismos, obviedades sólo aparentes, ansiedades y miedos.
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