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jueves, 6 de diciembre de 2012

EL HEREJE

las entelequias me matan
España, 2020. Un hombre con rostro desencajado camina frenético por una calle abarrotada. Súbitamente se detiene, observa durante unos segundos a las entelequias que vienen y van, algunas rozándole, pero ninguna le ve o le siente. Entonces el hombre cierra los ojos, respira suave y profundo, abre los ojos de nuevo y... DECIDE DECIR LO QUE PIENSA. Todos se detienen y clavan su mirada-cuchillo en él, ambarizados por un silencio ensordecedor. "¡HEREJEEE!", grita uno de los cuchillos de entre la multitud. 

A lo lejos se escuchan las sirenas y el rugido del motor del vehículo que se acerca. Es una ambulancia pero no es una ambulancia. Ni ambula ni deambula, sabe de dónde viene, por qué y para qué viene y adónde va. Dos pitbull de rostro humanoide saltan del vehículo portando una extraña bolsa gigante en sus manos. En un pestañeo cubren con ella al hombre que acaba de decir lo que piensa y, a rastras, le introducen en la ambulancia que no es una ambulancia. El vehículo se aleja tan veloz como llegó y las entelequias matan la pausa al unísono, retomando su deambular. Este sí que es deambular. 

Nunca nadie volvió a ver o a saber del hombre que aquel día, en aquel preciso momento, había decidido decir lo que pensaba.


"The Man Who Sold The World"
(The Man Who Sold The World, 1970). David Bowie.

THE MAN WHO SOLD THE WORLD
(David Bowie)

We passed upon the stair
We spoke of was and when
Although I wasn't there
He said I was his friend
Which came as some surprise
I spoke into his eyes
I thought you died alone
A long long time ago

Oh no, not me
I never lost control
You're face to face
With the man who sold the world

I laughed and shook his hand
And made my way back home
I searched for form and land
For years and years I roamed
I gazed a gazely stare
At all the millions here
We must have died alone
A long long time ago

Who knows? not me
We never lost control
You're face to face
With the man who sold the world
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viernes, 3 de agosto de 2012

SEMIVIDAS

Ich sih die liehte heide/in gruner varwe stan/dar suln wir alle gehen/die sumerzeit enpahen
En el universo infinito de espacio indeterminado, todos los vectores nacieron con un punto de aplicación e ilimitadas posibilidades de dirección y sentido. Pero la enfermedad de las líneas paralelas les anestesia, les impide girar la cabeza, dibujarse en curva, conectar, confluir. Son vectores esclavos del espacio axiomático, imperio creado por Euclides hitleriano, quien esparció el fármaco letal. Al otro lado de la frontera huele a lluvia de Ubik. Tan cerca, tan lejos. Pero si se alza la vista, escrito con tinta de nubes sobre el cielo prospectal, puede leerse: "mutar en vector con piernas".

P.S. Dos semividas no hacen una vida.

Contraportada de la primera edición de Ubik, de Philip K. Dick.
Fuente: Wikipedia.

    « Estaba tomando consciencia de una insidiosa y penetrante frialdad que tiempo atrás, en algún momento olvidado, había comenzado a invadirle, dominándole a él y al mundo que le rodeaba. Le recordaba a sus últimos minutos en Luna. El frío degradaba la superficie de los objetos: los penetraba hasta combarlos, se expandía hasta formar protuberancias redondeadas que emitían sonidos sibilantes y luego estallaban. El frío horadaba las innumerables heridas abiertas, alcanzaba el corazón de las cosas, el núcleo que las hacía vivir. Lo que ahora veía se asemejaba a un desierto de hielo del cual sobresalían rocas agrestes. El viento barría cual vómito la llanura en que la realidad se había transformado; un viento que se solidificaba en hielo espeso y que cubría las rocas casi en su totalidad. Y las tinieblas sobrevinieron, cercando su campo visual. Apenas atisbaba un exiguo vislumbre.

    Pero esto es una proyección mía, supuso. No es el universo el que está siendo sepultado por capas de viento, frío, hielo y oscuridad. Todo esto ocurre en mi interior, y aún así creo verlo en el exterior. Qué extraño, pensó: ¿está el mundo dentro de mí, contenido en mi cuerpo?, ¿cuándo sucedió? Debe tratarse de una manifestación de la muerte, se dijo a sí mismo. La incertidumbre que siento, este lento hundirme en la entropía, éste es el proceso, y el hielo que observo es el resultado del éxito del proceso. Cuando cierre los ojos, pensó, el universo entero desaparecerá. ¿Pero qué hay de las diversas luces que debería ver, las entradas a nuevas matrices? ¿Dónde está en concreto la luz humeante y rojiza de las parejas que fornican? ¿Y la luz pálida y triste que envuelve la avidez animal? Todo lo que puedo discernir es la oscuridad invasora y la absoluta pérdida de calor, una llanura que se enfría, abandonada por su sol.

    Esto no puede ser la muerte normal. Es antinatural, el momentum regular de la disolución ha sido reemplazado por otro factor impuesto, por una presión arbitraria y forzada. Quizás alcance a comprenderlo, pensó, si al menos puedo tumbarme y descansar, si consigo la energía suficiente para pensar. »


(Philip K. Dick: Ubik. 1969) 
(Traducción: Susana R. Verano)

 Portada de la primera edición de Ubik, de Philip K. Dick.
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