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jueves, 9 de abril de 2020

PARA ELISA... TODO ERA AZUL


Curiosa la arbitrariedad o el determinismo causal de la vida. Anoche disfruté del único sueño agradable que recuerdo en años. Ya que ni el mundo consciente ni el subconsciente acostumbran a regalarme momentos de felicidad... Pero esta mañana temprano la vida me ha despertado con una inmensa bofetada. Se me ha ido ELISA, mi otra abuela, sin poder despedirme siquiera... MI GRAN ABUELA. Siempre me recordaba / recordará que tengo que reírme. Ojalá pudiera...

Que la tierra te sea leve, Frau Witze...




TODO ERA AZUL

Todo era azul delante de aquellos ojos y era
verde hasta lo entrañable, dorado hasta muy lejos.
Porque el color hallaba su encarnación primera
dentro de aquellos ojos de frágiles reflejos.

Ojos nacientes: luces en una doble esfera.
Todo radiaba en torno como un solar de espejos.
Vivificar las cosas para la primavera
poder fue de unos ojos que nunca han sido viejos.

Se los devoran. ¿Sabes? No soy feliz. No hay goce
como sentir aquella mirada inundadora.
Cuando se me alejaba, me despedí del día.

La claridad brotaba de su directo roce,
pero los devoraron. Y están brotando ahora
penumbras como el pardo rubor de la agonía.


(Miguel Hernández)

lunes, 28 de marzo de 2016

ÉGLOGA OSCURA DE MIGUEL HERNÁNDEZ


Me ofende el tiempo, no me da la vida
al paladar ni un breve refrigerio
de afectuosa miel bien concedida
y hasta el amor me sabe a cementerio.

Me quiero distraer de tanta herida.

Me da cada mañana
con decisión más firme
la desolada gana
de cantar, de llorar y de morirme.

(Miguel Hernández, fragmento de "Égloga", 
Poemas sociales, de guerra y de muerte)


Islamabad, Pakistan. Foto: Muhammed Muheisen
Fuente: BuzzFeed


... o convertido en agua, aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.
(Garcilaso)
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viernes, 28 de marzo de 2014

ME SOBRA EL CORAZÓN (Miguel Hernández)

desgarro infinito
A veces es increíble la exactitud con que las palabras de un poeta encajan en la vida y los sentimientos de una y los describen mejor que una misma. Con Miguel Hernández, como con Lorca, la exactitud es tal que asusta hasta el sobrecogimiento. Y en estos casos, o sirven para hundirte más o resultan absolutamente catárticos. Pienso que este último es el caso, sin embargo el sobrecogimiento y la tristeza permanecen.


Me sobra el corazón, Miguel Hernández


Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.

Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos de mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.

No puedo con mi estrella.
Y busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.

Si no fuera ¿por qué?... no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.

Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.

Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué inconformes mis ojos?

Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?

Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.

Me sobra corazón.

Hoy, descorazonarme,
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.

No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.

(Miguel Hernández, Otros poemas, 1935-1936)


“La muerte por las manos color”, de Marina Vargas.
Fuente: Plataforma de Arte Contemporáneo


"Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!" 

(Pablo Neruda)
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miércoles, 4 de enero de 2012

LAS DESIERTAS ABARCAS (Miguel Hernández)

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Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombre de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.


(Publicado por primera vez en la revista "Ayuda" del Socorro Rojo, el 2 de enero de 1937, solicitando donativos y juguetes para la infancia, en plena guerra civil española)

(Miguel Hernández: "Poemas sueltos IV". Poesías completas. Madrid: Aguilar, 1979)

El yo lírico del niño pobre que Miguel Hernández fue, siempre memoria de la tristeza de las infancias perdidas, siempre repique en las conciencias que se atreven a acercarse a sus versos. En estos días, como siempre, habrá más abarcas desiertas que niños abriendo regalos.



"Algo de amor en esos corazones
que no aman a los niños, (...).
¡Si yo no pido tanto!
Briznas de amor para esta sed del mundo."

(Miguel Hernández, "¡Si yo no pido tanto!")
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domingo, 28 de marzo de 2010

HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA

poeta
Miguel Hernández murió de madrugada, a las 5:32, hace hoy 68 años. Vicente Aleixandre describía a su amigo como la personalización de lo natural, vistiendo de manera sencilla, sin corbata y siempre que podía en alpargatas, que simbolizaban su "limpia pobreza", su arraigo al pueblo. Decía que era poseedor de una voz clara y siempre sobria a la hora de recitar, "como de rumor de un arroyo", y con una apariencia física robusta. Que era confiado y nunca aguardaba daño de nadie, creía en todos los hombres y esperaba en ellos, siendo este sentimiento algo que no desapareció nunca de su corazón y que le hizo morir con los ojos abiertos, que no pudieron cerrar en la enfermería de la prisión en que dejó de respirar a los 31 años. Poeta de los oprimidos, de la libertad. Sus ojos, siempre puros, limpios, como su aspecto general, un aspecto fresco adquirido tras bañarse en el río todos los días... antes de estallar la guerra.

No lo sé. Fue sin música.
Tus grandes ojos azules
abiertos se quedaron bajo el vacío ignorante,
cielo de losa oscura,
masa total que lenta desciende y te aboveda,
cuerpo tú solo, inmenso,
único hoy en la Tierra,
que contigo apretado por los soles escapa.

(Vicente Aleixandre: "En la muerte de Miguel Hernández", en Cuaderno de las horas situadas, 1948).
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Miguel Hernández hablando a los brigadistas norteamericanos, 1938.
(Fuente:
La Crónica de León - "Sino sangriento")
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HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA

(Miguel Hernández) (Selección de Joan Manuel Serrat)

Eres la noche, esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y femenina.
Eres la medianoche: la sombra culminante
donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje
su avaricioso anhelo de imán y poderío.
Un astral sentimiento febril me sobrecoge,
incendia mi osamenta con un escalofrío.

Eres la noche, esposa.
Eres la noche, esposa.
Eres la noche, esposa.
Y yo soy el mediodía.

La noche se ha encendido como una sorda hoguera
de llamas minerales y oscuras embestidas.
Y alrededor la sombra late como si fuera
las almas de los pozos y el vino difundidas.

Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,
tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.
Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,
con todo el firmamento, la tierra estremecida.

Eres la noche, esposa.
Eres la noche, esposa.
Eres la noche, esposa.
Y yo soy el mediodia.

Caudalosa mujer: en tu vientre me entierro.
Tu caudaloso vientre será mi sepultura.
Si quemaran mis huesos con la llama del hierro,
verían que grabada llevo allí tu figura.

Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
seguiremos besándonos en el hijo profundo.
Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,
se besan los primeros pobladores del mundo.

Eres la noche, esposa.
Eres la noche, esposa.
Eres la noche, esposa.
y yo soy el mediodia.

Eres la noche, esposa.
Y yo soy el mediodia.


(Fragmentos de "Hijo de la luz y de la sombra", de Cancionero y romancero de ausencias, 1938-1941).

Joan Manuel Serrat y Miguel Hernández.
Montaje: Susana R. Verano.


"La poesía es el arma que más brilla en mis manos y con ella tengo que transformar la vida"
(Miguel Hernández)
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domingo, 6 de diciembre de 2009

ELEGÍA

...
Los versos desgarrados y desgarradores de Miguel Hernández constituyen de largo la forma más bella que conozco de llorar a alguien y de rebelarse contra la muerte, aunque resulte una rebelión inútil. Me gusta rebelarme, me consuela la sensación. Pero, en los últimos tiempos, quisiera no haberme rebelado tanto inútilmente, quisiera no haber puesto mis ojos una vez más en la forma más bella de llorar a alguien.

Para Juan.




MIGUEL HERNÁNDEZ - Elegía

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

(El rayo que no cesa)

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"El Grito No. 3", de Oswaldo Guayasamín (1983).
Fuente: Soy Natiuska - "Gritos eternos"

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"A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd." 
(Alphonse de Lamartine)
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