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domingo, 3 de marzo de 2013

ULISES EN EL INFIERNO Y CIRCE OBSERVANDO

 EL INFIERNO QUE NO CESA
Las fieras de la mansión de Circe, la hechicera,
devoran a mis hombres, ahora cuinos infectados.
Quizás las hierbas de moly derroten a la lisonjera,
o mil Eurílocos liberen las almas de los finados.


File:Circe Offering the Cup to Odysseus.jpg 
"Circe ofreciendo la copa a Odiseo" (1891)
John William Waterhouse 
Fuente: Wikimedia Commons 

Ulises a sus hombres en La divina comedia ("El infierno", canto XXVI, vv. 112-120):

“¡Oh hermanos”, dije, “que por cien mil
peligros habéis llegado a occidente,
de esta tan pequeña vigilia

de nuestros sentidos remanente
no queráis negaros la experiencia,
siguiendo al Sol, hacia el mundo sin gente.

Considerad vuestra simiente:
hechos no fuisteis para vivir como brutos,
sino para perseguir virtud y conocimiento”.


(Dante Alighieri)


File:Blake Dante Hell XXVI Ulisses.jpg
"La Divina Comedia, Infierno, Canto XXVI, Ulises y Diomedes" (1826)

William Blake
Fuente: Wikisource
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"El rugido de los leones, el aullido de los lobos, la cólera del mar tempestuoso y la espada destructora son porciones de la eternidad demasiado grandes para el ojo del hombre."
(William Blake)
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domingo, 22 de julio de 2012

DIÓGENES Y ARISTIPO

 honestidad o nada
Ayer alguien me preguntó por qué nunca he utilizado la inteligencia (que este alguien me supone "en grandes dosis") para granjearme el favor de los peces gordos o de individuos influyentes, haciendo esto o lo otro, aparcando mi necesidad de independencia, renunciando a mis principios, sometiéndome a la autoridad..., lo cual (según esta persona) me habría proporcionado con toda seguridad una posición social y económica como mínimo desahogada.

Le dije que confunde la inteligencia con apetencias superficiales y convencionalismos y con la estúpida tendencia humana a convertirse en un buen gregario (borrego, lameculos, abrazafarolas... como ustedes prefieran), mediante la obediencia absoluta y el trepismo. Me quedé pensando en silencio, mirándole, decepcionada (una vez más) con alguien que prometía. Entonces me acordé de un cuento corto de Anthony de Mello que leí no hace mucho en su obra El canto del pájaro (1984). Y se lo conté:

      "Estaba el filósofo Diógenes cenando lentejas cuando le vio el filósofo Aristipo, que vivía confortablemente a base de adular al rey.
     Y le dijo Aristipo: «Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas». A lo que replicó Diógenes: «Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey»."

Diógenes sentado en su tinaja, por Jean-Léon Gérôme (1860).
Fuente: Wikipedia
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“Ellos mandan hoy... ¡porque tú obedeces!”
"De los resistentes es la última palabra."

(Albert Camus) 
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viernes, 5 de agosto de 2011

"CANCIÓN DEL ECO" (Christina Rosenvinge)

amor sufriente
Siempre he creído que la mitología no solo es un conjunto de narraciones maravillosas y ahistóricas que hablan de dioses, hombres y mujeres del pasado. Creo que los mitos son mentiras que cuentan verdades y que los seres humanos, sus sentimientos, sus pasiones,... son atemporales y universales. Luego los mitos también.

El mito de Narciso y Eco es un arquetipo del amor imposible. Esta canción espléndida es una poética versión. Está basada en Las Metamorfosis de Ovidio (libro III) y se incluye en el álbum La joven Dolores (2011), de Christina Rosenvinge, artista siempre interesante. La foto del vídeo es la obra "Eco y Narciso", de John William Waterhouse (1903).

"«Aquí unámonos», dice, y ella, que con más gusto nunca
respondería a ningún sonido: «Unámonos», respondió Eco,
y las palabras secunda ella suyas, y saliendo del bosque
caminaba para echar sus brazos al esperado cuello.
Él huye, y al huir: «¡Tus manos de mis abrazos quita!
Antes», dice, «pereceré, de que tú dispongas de nos».
Repite ella nada sino: «tú dispongas de nos».
Despreciada se esconde en las espesuras,
y pudibunda con frondas su cara
protege, y sola desde aquello vive en las cavernas.
Pero, aun así, prendido tiene el amor,
y crece por el dolor del rechazo,
y atenúan, vigilantes, su cuerpo desgraciado las ansias,
y contrae su piel la delgadez y al aire el jugo
todo de su cuerpo se marcha; voz tan solo y huesos restan:
la voz queda, los huesos cuentan que de la piedra cogieron la figura.
Desde entonces se esconde en las espesuras
y por nadie en el monte es vista,
por todos oída es: el sonido es el que vive en ella."

(Ovidio, Las Metamorfosis, "Narciso y Eco", libro III)
(Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)
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