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domingo, 6 de enero de 2013

"LOS DÍAS RAROS" (VETUSTA MORLA)

y si no lo afrontas, mueres
No es que de lo malo deba venir o surja algo bueno, es que ambas cosas conviven, indisolublemente. Y el futuro no vendrá envuelto con papel de regalo. Dos crescendos y un final apoteósico que construyen una canción perfecta.


Vetusta Morla - "Los días raros" (Mapas. 2011)

LOS DÍAS RAROS
(Letra: Guillermo Galván.
Música: Vetusta Morla)

Ábrelo, ábrelo despacio.
Di, ¿qué ves?. Dime, ¿qué ves? Si hay algo...
Un manantial breve y fugaz entre las manos.

Toca afinar, definir de un trazo,
sintonizar, reagrupar pedazos
en mi colección de medallas y de arañazos.

Ya está aquí...
¿Quién lo vio bailar como un lazo en un ventilador?
¿Quién iba a decir que sin carbón no hay Reyes Magos?

Aún quedan vicios por perfeccionar en los días raros,
los destaparemos en la intimidad

con la punta del zapato.

Ya está aquí...
¿Quién lo vio bailar como un lazo en un ventilador?
¿Quién iba a decir que sin borrón no hay trato?

El futuro se vistió con el traje nuevo del Emperador.
¿Quién iba a decir que sin carbón no hay Reyes Magos?

Nos quedan muchos más regalos por abrir,
monedas que al girar descubran un perfil.
Ya empieza el celofán... ¡¡¡y acaba en eco!!!

miércoles, 4 de enero de 2012

LAS DESIERTAS ABARCAS (Miguel Hernández)

.
Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombre de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.


(Publicado por primera vez en la revista "Ayuda" del Socorro Rojo, el 2 de enero de 1937, solicitando donativos y juguetes para la infancia, en plena guerra civil española)

(Miguel Hernández: "Poemas sueltos IV". Poesías completas. Madrid: Aguilar, 1979)

El yo lírico del niño pobre que Miguel Hernández fue, siempre memoria de la tristeza de las infancias perdidas, siempre repique en las conciencias que se atreven a acercarse a sus versos. En estos días, como siempre, habrá más abarcas desiertas que niños abriendo regalos.



"Algo de amor en esos corazones
que no aman a los niños, (...).
¡Si yo no pido tanto!
Briznas de amor para esta sed del mundo."

(Miguel Hernández, "¡Si yo no pido tanto!")
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