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lunes, 26 de abril de 2010

LA VIDA, EL ACTO POÉTICO Y EL ETERNO RETORNO

PRINCIPIO
Hoy he dictado a mis alumnos el poema Arte Poética, de Borges. Nada más escribir el tercer verso, uno de ellos ha comentado: "¡Pues qué poeta más soso! Termina con la palabra río en dos versos seguidos." He sonreído y le he respondido: "Espera a que te dicte el cuarto verso, o... mejor, todo el poema. Y si sigue pareciéndote soso, esta noche colócate frente a un espejo y vuelve a leer el poema. Y este fin de semana ve a un río, mira tu reflejo en el agua, lee el poema y vuelve a mirar tu reflejo en el agua." Cuando he terminado de dictar el cuarto verso, mi alumno ha empezado a entender la simetría, el círculo. Tras haber completado el poema, ya lo entendía más. Ha prometido llevar a cabo el experimento del espejo y el río, y contármelo después. Os invito a que hagáis lo mismo... Y luego me lo contáis.

ARTE POÉTICA

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

(Jorge Luis Borges, El Hacedor, 1960)
FIN
Ouroburus en un manuscrito griego
Fuente:
noemágico
- "Ouroboros o de la eternidad"
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El poema es un espejo, un círculo, una doble simbología: la aurora y el ocaso, indefectiblemente unidos. Para Borges, los momentos precisos en que las cosas acontecen, cuando se producen los cambios sustantivos o se desatan los hechos, son los instantes en que el día se transforma en noche y la noche en día, los momentos bisagra de la existencia. De esta forma identifica tanto los cambios en la vida como el proceso de creación poética, en estos dos momentos.

El día, como la vida, es circular. Es un continuum de sucesos que retornan, como el ying-yang, como el uróboro (ouroburus), como el ser humano. Las convicciones, las dudas, las preguntas, la reflexión, los miedos, las obsesiones, los tormentos... y todos los elementos que giran alrededor de cada uno: lo que vemos, lo que escuchamos, lo que tocamos, lo que olemos y lo que probamos. Todo esto forma parte del proceso poético en el que surgen los versos que, poco a poco, van conformando un poema.

En Borges, estos elementos giran alrededor del agua, los espejos, los sueños, la vigilia, el tiempo, la muerte, la noche, el hombre, Ulises, Heráclito... Son momentos que transportan desde la aurora al ocaso, y desde el ocaso a la aurora.

El proceso de creación poética consiste en la búsqueda de la palabra que mejor refleje las virtudes y las miserias, lo que nos rodea, lo que expresamos y lo que nos reprime. Entonces, ¿es la palabra la que hace inmortal al poeta, pues provoca su retorno, o es el poeta el que inmortaliza las palabras, que son eternos retornos?

Por último, la vida será tan poética como aquel que la mire y la interprete, dependiendo de cómo la mire y la interprete. Esa mirada nos convierte en poetas y nos descubre a otros poetas, aquellos que con su mirada hacen de la vida una poesía y de la poesía el reflejo de la vida.

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Heráclito vs. Borges
(Montaje: Susana R. Verano)
 

"Todos los hechos que pueden ocurrirle a un hombre, desde el instante de su nacimiento hasta el de su muerte, han sido prefijados por él. Así, toda negligencia es deliberada, todo casual encuentro una cita, toda humillación una penitencia, todo fracaso una misteriosa victoria, toda muerte un suicidio. No hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos elegido nuestras desdichas".


(Jorge Luis Borges, "Deutsches Requiem", El Aleph

 

miércoles, 14 de abril de 2010

ULISES (Alfred Tennyson)

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Dice Tennyson que somos la suma de lo que hemos conocido. Sin embargo, cuanto más conocemos, más ignoramos. Y, además, yo añado que cada día nos dejamos una parte de nosotros mismos en el camino. No obstante, no vivimos, no somos nada a menos que abandonemos Ítaca y nos adentremos en los océanos más tempestuosos, en la Troya prendida en llamas.
experiencia vital
ULISES
(Alfred Tennyson, 1842)

De nada sirve que viva como un rey inútil
junto a este hogar apagado, entre rocas estériles,
el consorte de una anciana, inventando y decidiendo
leyes arbitrarias para un pueblo bárbaro,
que acumula, y duerme, y se alimenta, y no sabe quién soy.

No encuentro descanso al no viajar; quiero beber
la vida hasta las heces. Siempre he gozado
mucho, he sufrido mucho, con quienes
me amaban o en soledad; en la costa y cuando
con veloces corrientes las constelaciones de la lluvia
irritaban el mar oscuro. He llegado a ser famoso;
pues siempre en camino, impulsado por un corazón hambriento,
he visto y conocido mucho: las ciudades de los hombres
y sus costumbres, climas, consejos y gobiernos,
no siendo en ellas ignorado, sino siempre honrado en todas;
y he bebido el placer del combate junto a mis iguales,
allá lejos, en las resonantes llanuras de la lluviosa Troya.
Formo parte de todo lo que he visto;
y, sin embargo, toda experiencia es un arco a través del cual
se vislumbra un mundo ignoto, cuyo horizonte huye
una y otra vez cuando avanzo.
¡Qué fastidio es detenerse, terminar,
oxidarse sin brillo, no resplandecer con el ejercicio!
Como si respirar fuera la vida. Una vida sobre otra
sería del todo insuficiente, y de la única que tengo
me queda poco; pero cada hora me rescata
del silencio eterno, añade algo,
trae algo nuevo; y sería despreciable
guardarme y cuidarme el tiempo de tres soles,
y refrenar este espíritu ya viejo, pero que arde en el deseo
de seguir aprendiendo, como se sigue a una estrella que cae,
más allá del límite más extremo del pensamiento humano.

Éste es mi hijo, mi propio Telémaco,
a quien dejo el cetro y esta isla.
Lo quiero mucho; tiene el criterio para triunfar
en esta labor, para civilizar con prudente paciencia
a un pueblo rudo, y para llevarlos lentamente
a que se sometan a lo que es útil y bueno.
Es del todo impecable, dedicado completamente
a los intereses comunes, y se puede confiar
en que sea compasivo y cumpla los ritos
con que se adora a los dioses tutelares
cuando me haya ido. Él hace lo suyo, yo, lo mío.

Allí está el puerto; el barco extiende sus velas;
allí llama el amplio y oscuro mar. Vosotros, mis marineros,
almas que habéis trabajado y sufrido y pensado junto a mí,
y que siempre tuvisteis una alegre bienvenida
tanto para los truenos como para el día despejado, recibiéndolos
con corazones libres e inteligencias libres, vosotros y yo hemos envejecido.
La ancianidad tiene todavía su honra y su trabajo.
La muerte lo acaba todo: pero algo antes del fin,
alguna labor excelente y notable, todavía puede realizarse,
no indigna de quienes compartieron el campo de batalla con los dioses.
Las estrellas comienzan a brillar sobre las rocas:
el largo día avanza hacia su fin; la lenta luna asciende; los hondos
lamentos son ya de muchas voces. Venid, amigos míos.
No es demasiado tarde para buscar un mundo nuevo.
Zarpemos, y sentados en perfecto orden hiramos
los resonantes surcos, pues me propongo
navegar más allá del poniente y el lugar en que se bañan
todos los astros del occidente, hasta que muera.
Es posible que las corrientes nos hundan y destruyan;
es posible que demos con las Islas Venturosas,
y veamos al gran Aquiles, a quien conocimos.

A pesar de que mucho se ha perdido, queda mucho; y, a pesar
de que no tenemos ahora el vigor que antaño
movía la tierra y los cielos, lo que somos, somos:
un espíritu ecuánime de corazones heroicos,
debilitados por el tiempo y el destino, pero con una voluntad decidida
a combatir, buscar, encontrar y no ceder.
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(Traducción: Randolph D. Pope)
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Foto: "Ulysses and The Sirens" (Herbert James Draper, 1909).
Fuente:
Mythimedia - "Ulysses and The Sirens"
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"Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar."
(Antonio Machado, Retrato)