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martes, 15 de mayo de 2012

CARLOS FUENTES (In Memoriam)

gracias mi cuate por cada gota de belleza y sabiduría
Decía el poeta Reinaldo Arenas que Carlos Fuentes le aterrorizaba (en el buen sentido) porque más que un escritor parecía una máquina computadora, pues "tenía una respuesta exacta y al parecer lúcida para cualquier problema o pregunta que se planteara; lo único que había que hacer era apretar un botón" (Antes que anochezca, 1962).

Obsesionado con la injusticia y el horror, en su discurso del premio Príncipe de Asturias que le fue concedido en 1994, Fuentes hacía suya y compartía con todos una cita de Simone Weil: "sólo pueden disipar el horror tres consejos: no admires el poder, no detestes al enemigo y no desprecies a los que sufren".

Consejos que acostumbra a olvidar el ser humano, especialmente en estos tiempos, en los que, de acuerdo con el escritor mexicano, "ha idolatrado el poder, ha destruido al enemigo con alevosía premeditada y cuasi-científica, y ha acumulado dolor y más dolor sobre los hombros de los seres sufrientes".

Carlos Fuentes, en un ejercicio permanente de lucidez y concordia, la música interior del ser humano (Shakespeare), defendía la necesidad de crear una civilización común, diversificada pero compartida, partiendo del respeto y la defensa de los valores y peculiaridades de cada pueblo, ya que "no hay globalidad que sirva, sin localidad que valga", y añadiendo verdad y belleza al mundo.

"Las culturas como protagonistas de la historia", el gran desafío frente a la globalidad equivocada e intolerante de hoy.

La verdad y la belleza, la razón y el amor. Los cuatro pilares del mexicano, quien, como Gregory Peck en Gringo Viejo (película de Luis Puenzo, 1989, basada en la novela homónima de Fuentes, 1985), siempre persiguió con sus obras y su discurso "el poema más hermoso jamás escrito, el poema que haría a la gente llorar de felicidad, amar con desesperación, el que les haría comprender el significado de su existencia en la Tierra."



"No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres."
(Carlos Fuentes) 
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sábado, 6 de marzo de 2010

"EL 68: LAS CEREMONIAS DEL AGRAVIO Y LA MEMORIA" (CARLOS MONSIVÁIS)

izquierda=frustración
... O cómo y por qué la izquierda fracasa siempre y está condenada a seguir fracasando, desgraciadamente.
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Esta crónica de la izquierda frustrada que del '68 mexicano realiza Carlos Monsiváis puede aplicarse a cualquier '68, a cualquier país, a cualquier época, pasada, presente y/o futura. Contrariamente a lo que cualquiera pueda pensar, la historia se repite constantemente, matices más matices menos, porque los protagonistas siempre son los mismos miserables.


"Los antecedentes del Movimiento Estudiantil"

En 1968, una de las plazas fuertes de la izquierda partidaria (Partido Comunista Mexicano y grupúsculos) es la UNAM, y más específicamente Ciudad Universitaria. Sin ser numéricamente de consideración, la izquierda, en el páramo de las organizaciones estudiantiles, es la única con campañas definidas, la sombra de un proyecto y un discurso articulado, así sea de modo muy esquemático. (...) De 1929 en adelante, el destino de las causas estudiantiles ha sido renovar las dirigencias gubernamentales, por lo menos en la parte operativa. No ha variado la máxima no escrita: "Quien no es radical en su juventud, no sabrá bien cómo reprimir a los radicales en su madurez".

(...) A la izquierda estudiantil la mueve el compromiso con la Historia, lo que desde fuera no quiere decir nada y de cerca se traduce en enredijos teóricos. A la burguesía, por decir algo, no la intranquiliza el bagaje izquierdista, los seminarios de estudios de marxismo, los rudimentos de Historia de México con especialización en la etapa 1910-1940, las peregrinaciones del rollo revolucionario, las asambleas estudiantiles, las reuniones de célula o de grupo, los "Talleres de militancia" cifrados en el método de autopersuasión: "De tanto repetirlas, me aprendí mis convicciones". Hay altruismo y voluntad de entrega; hay sectarismo e impaciencia histórica (o como se le diga a la certeza íntima de que cinco años más haciendo y diciendo lo mismo no se soportarán).

El Partido Comunista de 1968 se ha profesionalizado en la reducción de sus posibilidades, y (sea esto o no importante) se obstina en simbolizar la muerte de la voluntad de poder. Si su presencia en algunas escuelas y facultades es persistente, su influencia sólo se nota en las emergencias. Por lo menos la mitad de sus militantes viene de provincia, y su común denominador es la sensación de apartarse por un tiempo de la normalidad para retornar a ella con otros saberes básicos. Por supuesto, esta actitud no es deliberada, ni los cuadros del Partido se sienten de paso en la organización, pero no hay las perspectivas de largo plazo, y apenas un puñado de compensaciones sentimentales, que en algo equilibran la verbomanía de los "Martillos Teóricos" y la noción compulsiva de militancia. A las compensaciones las enmarca el amor por las causas perdidas y el nacionalismo tradicional de los comunistas, todavía capaces de extraer de los corridos la insurrección anímica que necesitan: 


Señores, a orgullo tengo
de ser anti-imperialista,
y militar en las filas
del Partido Comunista,
y militar en las filas
del Partido Comunista.

(Con música de "El Corrido de Cananea")

Y si la sociedad no se toma muy en serio a la izquierda, es por considerarla no tanto opción ideológica sino rito de tránsito que evocan con cierto gusto los poseídos por "la conciencia social". Lo típico de la izquierda es su incapacidad retentiva, y los pocos que perseveran en la militancia, para no amargarse tienden a burocratizarse. Ingresan a la organización, se enardecen, desprecian a "reformistas y socialtraidores", exprimen hasta el alba las probabilidades de reavivar la lucha de clases... y luego se alejan para añadirse al monorritmo de las instituciones.

(...) Y la izquierda partidaria intenta desquitarse del Sistema que cada cinco o seis años le arrebata a sus jóvenes guerreros, sembrando sentimientos de culpa. "Vayanse, porque aquí nunca tendrán oportunidades, pero nunca olviden que han traicionado a la revolución." Y a lo largo de los años, la deserción se paga exacerbando en "los desertores" o el odio frenético a la izquierda o el espíritu autodestructivo, la impresión de haber canjeado la utopía por el plato de lentejas de un puesto o de un puestazo, la desazón más bien teatral de quien, ya en la ronda de los tragos, canta "La Internacional" desde el fondo del remordimiento. De allí el éxito perdurable del poema de José Emilio Pacheco: 


Antiguos compañeros se reúnen.
Ya somos todo aquello
contra lo que luchamos
a los veinte años.
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(Carlos Monsiváis: "El 68: Las ceremonias del agravio y la memoria". En Julio Scherer y Carlos Monsiváis, Parte de Guerra. Tlatelolco 1968. Documentos del general Marcelino García Barragán. Los hechos y la historia. México D.F., Nuevo Siglo Aguilar, 1999).
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Matanza de Tlatelolco, 2 de octubre de 1968.
Fuente: El Demócrata - "Tlatelolco 68: Los recuerdos del futuro"

"Para que tu mano derecha ignore lo que hace la izquierda, habrá que esconderla de la conciencia."
(Simone Weil)

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