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sábado, 18 de junio de 2011

365 DÍAS SIN SARAMAGO: "¡CONCIENCIA!"

contra la dictadura global
Saramago habría acampado, habría debatido en las asambleas, ...habría salido a la calle todos los días para indignarse, para defender lo que es de justicia y denunciar lo que no, y para apoyar a los suyos, masacrados y objeto de mofa por parte de quienes no lo son. Voy a pensar que, como yo le llevo siempre conmigo, pues está haciendo todo eso. Él siempre será mi gran imprescindible. Me atrevo a decir: el imprescindible universalizable.

"El poder y la palabra, la palabra y el poder, la palabra del poder, el poder de la palabra, la palabra sin poder, el poder sin palabra, y se podría añadir algo más... Que el poder tiene la palabra, la tiene; además, hace un uso desmesurado de ella, sólo basta leer los periódicos, esa especie de inundación de palabras que ahogan. La luz más funcional, más eficaz de la palabra la tienen los escritores, los intelectuales, los científicos, los sociólogos... Parece que uno se siente agobiado por la palabra que no nos pertenece.

No todas las palabras le pertenecen al poder, pero parece que las ha usurpado. Pero eso tiene alguna explicación, supongo. (...) Las palabras que usamos para expresar el mundo se transformaron en una especie de muro que nos impide que usemos las que el mundo necesita para cambiar, o por lo menos para tener parte en el cambio. (...) Ese es el drama, el drama de la ciudadanía que baja a la calle a protestar y pone carteles y lleva pancartas, eslógans, cosas que riman, cosas que no riman, esa especie de fiesta de la protesta."

(José Saramago en "Reflexiones sobre la Historia y otros enunciados", artículo-entrevista de Eduardo Miranda Arrieta en Tzintzun. Revista de Estudios Históricos, julio-diciembre, nº42. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, México, pp. 115-150).

Cáceres, 23 de febrero de 1999:



"Si no nos defendemos, el gato de la globalización acabará por engullir al ratón de los derechos humanos. La globalización es un totalitarismo."
(José Saramago)
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jueves, 25 de noviembre de 2010

ROMANCE + SONÁMBULO

mi Federico 
ROMANCE

(Del latín romanice, en románico).

1. adj. Se dice de las lenguas modernas derivadas del latín, como el español, el italiano, el francés, etc.

2. m. Idioma español.

3. m. Novela o libro de caballerías, en prosa o en verso.

4. m. Combinación métrica de origen español que consiste en repetir al fin de todos los versos pares una misma asonancia y en no dar a los impares rima de ninguna especie.

5. m. Romance de versos octosílabos.

6. m. Composición poética escrita en romance.

7. m. Relación amorosa pasajera.

8. m. pl. Excusas, bachillerías. Venirle con romances.

~ andalusí.
1. m. mozárabe (II lengua romance).

~ corto.
1. m. El que se compone de versos de menos de ocho sílabas.

~ de ciego.
1. m. romance poético sobre un suceso o historia, que cantan o venden los ciegos por la calle.

~ de gesta.
1. m. Según antigua denominación, romance popular en que se referían hechos de personajes históricos, legendarios o tradicionales.

~ heroico, o ~ real.
1. m. El que se compone de versos endecasílabos.

en buen ~.
1. loc. adv. Claramente y de modo que todos lo entiendan.

hablar alguien en ~.
1. loc. verb. Explicarse con claridad y sin rodeos.


SONÁMBULO

1. adj. Dicho de una persona: Que mientras está dormida tiene cierta aptitud para ejecutar algunas funciones correspondientes a la vida de relación exterior, como las de levantarse, andar y hablar. "

(Fuente: RAE)

 
Siempre necesito volver a él.

Lorca nunca quiso desvelar realmente el significado de esta obra de arte impresionante, estremecedora y perfecta. Lees el poema, lo relees una y otra vez, infinitamente, lo interiorizas, lo vives, lo sufres y lo amas. Es inevitable.

El Romance Sonámbulo (Romancero Gitano, 1924-1927) es a priori una historia de amor y muerte. Pero es más. Se trata de una inmensa alegoría sobre la incansable búsqueda y persecución de lo inalcanzable, de lo imposible: la libertad y la felicidad. Por todos los medios, a como dé lugar. Pasional, dramático y de difícil comprensión, su contenido necesariamente ha de ser interpretado en función de la subjetividad del que escucha o del que lee.

El gitano contrabandista perseguido por los guardias civiles, la gitana enamorada que lo esperó vanamente en su baranda y el padre de la muchacha, interlocutor del gitano herido, somos todos nosotros. Sangramos con el gitano, soñamos y esperamos con la gitana, perdemos la identidad con el padre: "Pero yo ya no soy yo,/ ni mi casa es ya mi casa". Sufrimos, amamos, morimos... con ellos, igual que ellos, de camino "hacia las altas barandas", "dejando un rastro de sangre./ Dejando un rastro de lágrimas".

Rafael Alberti, amigo de Federico y testigo de su proceso de creación, lo escuchó por primera vez de boca del propio poeta en octubre de 1924, cuando éste lo recitó en su habitación de la Residencia de Estudiantes junto con otros poemas compuestos ese verano. "Jamás he escuchado nada más lleno de misterioso dramatismo", aseguraba Alberti.

El 11 de octubre de 1928, Federico dio una conferencia en el Ateneo de Granada: Imaginación, inspiración, evasión. La repetiría en otros escenarios, siempre para acompañar la lectura pública del Romancero Gitano:


 "El libro en conjunto, aunque se llama gitano, es el poema de Andalucía y lo llamo gitano porque el gitano es lo más elevado, lo más profundo, lo más aristocrático de mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza y universal.

(...) Está... el llamado Romance Sonámbulo, donde hay una gran sensación de anécdota, un agudo ambiente dramático y nadie sabe lo que pasa ni aun yo, porque el misterio poético es también misterio para el poeta que lo comunica, pero que muchas veces lo ignora (...). Es un hecho poético puro del fondo andaluz, y siempre tendrá luces cambiantes, aun para el hombre que lo ha comunicado que soy yo. Si me preguntan ustedes por qué digo yo: “Mil panderos de cristal herían la madrugada” les diré que los he visto en manos de ángeles y de árboles, pero no sabré decir más, ni mucho menos explicar su significado. El hombre se acerca por medio de la poesía con más rapidez al filo donde el filósofo y el matemático vuelven la espalda en silencio."

[Federico G. Lorca. Primer romancero gitano. Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. (Edición de Miguel García-Posada. Madrid: Castalia, 1990)].


Federico García Lorca
Fuente: La poesía roja - "Romance Sonámbulo"

"En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida" 
(Federico García Lorca, Mariana Pineda)


lunes, 25 de enero de 2010

"LA CAJA DE MÚSICA" O LA MAGIA DE LAS PALABRAS (G. MARTÍN GARZO)

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Hace unos tres años, me encontraba yo en una cafetería de Valladolid, ocupando el tiempo que me separaba de una entrevista de trabajo. Saboreaba un café que recuerdo delicioso mientras leía un artículo de El País. Y, justo entonces, me enamoré... del autor de ese artículo, hasta ese momento casi un desconocido para mí. Casualmente (¿o no?), un escritor de Valladolid, que tantos autores grandes nos ha regalado. Desde entonces le frecuento, ya sea de noche o de día.

Hablaba el artículo sobre la magia del lenguaje, de las palabras, de su sonido, de sus significados, de su vida propia, de los mundos y de los recuerdos que evocan y de cómo nos construimos como seres humanos a través de ellas, dándoles vida y muerte, viviendo y muriendo con ellas.

El lenguaje no es simplemente un instrumento de comunicación. Es mucho más. Las palabras están vivas, cargadas de historia, recuerdos y sentimientos. Realmente somos las palabras que escuchamos, leemos y pronunciamos. También las que no decimos pero quisiéramos decir. Por eso es un sacrilegio no prestarles atención, menospreciarlas, relegarlas a un segundo plano o simplemente al plano de la comunicación vacía o superficial. Algo que ocurre con demasiada frecuencia.
...
Porque adoro las palabras escritas con sentido y belleza, y para que también os enamoréis, quiero compartir con vosotros estas palabras mágicas de Gustavo Martín Garzo:

El abrazo de las palabras
Fuente:
Tinta Derramada - "Anónimo"
LA CAJA DE MÚSICA
Por Gustavo Martín Garzo (El País, 04/02/2007)
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Poco antes de morir, en una entrevista para televisión, una periodista le preguntó a María Zambrano por las cosas que le hubiera gustado ser de pequeña. María Zambrano apenas necesitó pensar su respuesta: una cajita de música, un centinela y un caballero templario. El centinela y el caballero tenían que ver con su gusto por la filosofía, que era desvelo, estado de alerta, anhelo de conocer; la caja de música, con su amor a la poesía, que era misterio, atrevimiento, vocación nupcial. María Zambrano hablaba como el que se inclina sobre un arroyo de aguas claras que no dejan de renovarse y espera recibir de ellas algo desconocido. Por eso quería que, más allá de sus significados concretos, las palabras fueran canto, misterio, lo que tiene el poder de hechizar, como lo hace una pequeña caja que al abrirse nos entrega su música. 

No estoy pensando en ese canto con que druidas, chamanes o hechiceros, en los claros del bosque, trataban de conjurar los males del mundo, sino en simples mujeres hablando. Mujeres que se inclinan sobre las cunas de sus recién nacidos y, locas de felicidad, hablan para ellos. Eso es el lenguaje, un don de la madre. Es así como los niños aprenden a hablar, escuchando a sus madres. Lo hacen desde antes de poder entenderlas, cuando siendo todavía muy pequeños escucharlas no debe de ser muy distinto para ellos a lo que es para nosotros sorprender el canto de los pájaros. Paseamos junto a una arboleda y al escuchar el tamborileo del picapinos, la melodiosa cháchara de las currucas o el canto aflautado del mirlo, nos detenemos a escuchar. Y así es como los niños recién nacidos se comportan ante el parloteo de sus madres. Las sienten entrar en la habitación y antes de ver el milagro de su rostro flotando sobre la cuna se disponen a escuchar lo que vienen a decirles. Eso es para ellos la palabra humana, el lugar donde el rostro de su madre va a aparecer. Pero hay una diferencia entre el niño y el paseante distraído del que antes hablé. El paseante sorprende el canto del pájaro como intruso, alguien que viniendo de fuera se detiene un momento en un mundo que no siendo el suyo enseguida tendrá que abandonar; mientras que el niño sabe desde muy temprano que las palabras que escucha le están destinadas. Sería como un pájaro que cantara sólo para él, que se colara por la ventana y al verle esperando en su cuna empezara con sus trinos. Así es la madre para su niño, un pájaro que está loco de amor. "Canto porque tú estás a mi lado", le dice. Ése es el milagro de la palabra, que sólo nos busca a nosotros. Y eso es lo que siente el niño, que ese sonido mágico sólo se produce porque él está allí, que es un elemento más de esa relación misteriosa que tiene con su madre. Y es en el seno de esa relación como el niño va descubriendo que las palabras también dicen cosas, tienen un sentido. Entonces escucha a su madre decirle: "Si quieres que seamos felices, tienes que hacer lo que te pida". El lenguaje que antes fue canto, es ahora petición, responsabilidad, búsqueda de un espacio que compartir con los otros. Tener una casa en la noche. Y si el niño acepta gustoso este cambio es porque, como en los grandes musicales del cine americano, todo esto su madre se lo pide cantando.

Nadie que haya escuchado ese canto puede olvidarlo nunca. Los escritores somos dados a señalar sin descanso las numerosas incorrecciones léxicas y sintácticas que se cometen al hablar, sabedores de que ese descuido con las palabras puede llegar a causar un daño irreparable en las almas de los que los incurren en ellos, pero esto no basta. Apollinaire dijo que la poesía era materia encantada. Y el lenguaje, incluso el más cotidiano y utilitario, nunca debe renunciar a esa dimensión poética. Hace unos días, Matilde Horne, la traductora al español de El Señor de los anillos, hablaba en este mismo periódico de su amor a las palabras y a su sonido. De su amor, por ejemplo, a la elle tartamuda de la palabra llovizna, o del escalofrío que sentía al escuchar la palabra muñón, un trozo de carne situado entre la vida y la muerte. Son esos poderes inesperarados que convocamos al hablar los que hacen que nuestra lengua se transforme en esa materia encantada de la que habló Apollinaire.

Recuerdo que el primer muerto de mi vida fue un niño de meses. Estábamos en el pueblo y aquel niño era el hijo de nuestra vecina. Eran muy pobres y le habían puesto sobre la mesa de la cocina rodeado de cirios, vestido con el mismo faldón con que le habían bautizado. Estaba muy guapo y todas las mujeres lloraban a su alrededor. Por la tarde se lo llevaron en una caja blanca que cargaron otros niños del pueblo. Parecía la escena de un juego, y una de nuestras vecinas se volvió hacia mi madre y, mientras el cortejo se alejaba, le dijo resignada entre lágrimas: Angelitos al cielo y ropa al baúl. No he olvidado esa frase, que combinaba con castellano pragmatismo el misterio y el dolor de lo sucedido con la necesidad de tener que seguir adelante en aquel mundo de escasez. Los niños muertos regresaban al vasto mundo de lo increado y sus ropas se quedaban en el mundo para arropar a los que iban a nacer. A eso llamo una lengua que canta. Nuestro idioma está lleno de frases así. Perder la cabeza es ofuscarse; beber las palabras, escuchar con atención; arrastrar el ala, andar enamorado. Si decimos de alguien que no tiene corazón, estamos afirmando que se trata de una persona cruel o insensible que sólo se preocupa de sí mismo, y cuando afirmamos que el alma se nos va detrás de algo sólo estamos asegurando que lo deseamos con todas nuestras fuerzas. En todas esas frases late la nostalgia de esa cajita de música de la que habló María Zambrano. Recuerdan las voces de las madres, las cosas que le dicen al oído al niño que tienen que cuidar. Es el parloteo dulce del amor y del juego. Y nosotros temblamos al escucharlo porque, como escribió Canetti, "en los juegos verbales desaparece la muerte". Ese juego es el que funda nuestra lengua y nuestra necesidad de hablar.

Una vez escuché a Mario Camus esta historia. Acababa de presentar en Cannes su película Los santos inocentes cuando en un restaurante parisino descubrió a Dick Bogarde unas mesas más allá de la suya. Dick Bogarde había sido el presidente del jurado y defendió con vehemencia la candidatura de Los santos inocentes para la Palma de Oro. El premio fue a parar a otra película, pero Mario Camus no quiso dejar pasar la ocasión de agradecérselo, y le escribió una pequeña nota, que le hizo llegar a través del camarero. Y Dick Bogarde, tras leerla, le respondió con una sonrisa. Luego, al terminar de comer, se despidió con un discreto gesto desde la puerta. Sin embargo, apenas habían pasado unos minutos cuando uno de los camareros se acercó a Mario Camus con una nota del actor. Sólo tenía escritas dos palabras: Milana bonita. Nadie que haya leído la hermosa novela de Delibes podrá olvidar esa frase con que el inocente Azarías se refería a su grajilla. La grajilla que volaba a su hombro cuando él la llamaba para darle de comer. Y era esa frase la que Dick Bogarde no había podido olvidar. No es extraño. Su mundo sonoro es el mundo de las madres hablando a sus niños. Milana bonita, milana bonita, así suenan sus frases llenas de bondad. Nadie sabe más del amor que los niños, por eso quieren no sólo que sus madres les hablen sino que les digan siempre las mismas cosas, como esas cajitas de música que al abrirse repiten una y otra vez la misma canción encantada. Ése debería ser nuestro compromiso con la lengua que hablamos. Hacerla vivir, respirar por ella, lograr que sus palabras conserven la memoria de ese canto que fueron alguna vez.
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María Zambrano
Fuente:
El Ojo Crítico
"
En El camino...encontramos Una Sombra LLameante"


"No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras."
(Juan Luis Vives)
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"Sólo valen las palabras. El resto es charlatanería."
(Eugene Ionesco)
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