os quiero un montón
Alguien me aconsejó que escribiera estas cosas. Ha pasado bastante tiempo, pero voy a seguir su consejo...
En los últimos cuatro años han fallecido mis dos personas importantes, mis dos grandes amigos, uno de ellos más que eso si cabe, ambos demasiado jóvenes. Aún así tengo la inmensa suerte de conservar e ir ganando muchos amigos de las más diversas procedencias, edades, pensamientos y sentimientos. Y la verdad es que no tengo la sensación de haberlo propiciado, no creo haber hecho gran cosa para que así fuese. En ocasiones, todo lo contrario. Durante cierto tiempo incluso perdí el gusto por la conversación, con cualquier persona, también con las que me agradaban. Hoy noto que ya lo he recuperado. Y en esto tiene mucho que ver un grupo humano: los mayores.
Creo que no es necesario observar y escuchar demasiado para concluir que, de maneras a veces más y a veces menos explícitas, la sociedad menosprecia y arrincona a las personas mayores. No voy a extenderme con esta obviedad ahora, pero prometo hacerlo pronto. Porque se trata de una realidad muy fea e injusta.
Pues bien, durante mis momentos más difíciles, la lectura fue mi única terapia, mi única ocupación. Los amigos de siempre estaban, pero no acudí a ellos. Me encerré. Literal y metafóricamente. Y cuando pensaba que nada ni nadie me servía, que nada ni nadie volvería a motivarme... aparecieron mis "viejillos" (las comillas están porque como bien apuntaba Saramago, uno de mis dioses, "solo es viejo quien pierde la curiosidad"). Llegaron a mí en forma de trabajo y se convirtieron en terapia, refugio, catarsis. Supuestamente yo soy la maestra y ellos los alumnos. Pero no es cierto y no sé muy bien dónde se dibuja la línea, si es que ha de haberla. Me han dado tantísimo...
No soy una persona optimista, de hecho sigo creyendo que tanto el optimismo como el pesimismo son un error. Trabas, fraude, subjetividad de la que estorba. No me interesan. Me motiva la búsqueda: de conocimiento, de belleza, de personas. Y mi búsqueda me resulta más motivante y auténtica sin esas trabas.
A mi ritmo, voy repartiendo agradecimientos, haciendo justicia a mis "terapeutas" (no sé por qué he añadido las comillas). A mis abuelillos los veo con frecuencia y se lo digo a mi manera, pero... ¡gracias!
A todos os quiero regalar la canción que sigue, "Un día en el parque", de un grupo que me encanta y a quienes tuve el placer de ver-escuchar en Logroño hace un par de meses, Love of Lesbian. A veces pienso que escriben sus canciones para mí. Esta pertenece al álbum Cuentos chinos para niños del Japón (2007). En realidad es una nana. Será que entre todas estas personas que ocupan mi pensamiento me siento como un bebé.
UN DÍA EN EL PARQUE
(Love of Lesbian)
Ha sido una mañana inolvidable
como todas las que pasan en un parque.
¿No serás tú? ¿No serás tú?
Quizás no importa el sitio y eso está de más.
Si de todos mis delirios y mis cuentos
solo el tuyo ha mejorado el argumento.
¿No serás tú? ¿No serás tú?
Quizás no importa el tema y eso está de más.
Ahora me escondo y te observo y te puedo decir:
Yo mataré monstruos por ti,
solo tienes que avisar.
Ya hace algún tiempo salté y caí justo aquí.
Aquellos safaris sin fin se esfumaron sin avisar.
Hoy lo he vuelto a notar, cada nube es un plan,
se transforma al viajar, y no pesa y se va.
Somos nubes, no más.
.
Como hojas que danzan al viento, así nos elevará el tiempo y nos hará rodar
y rodar y rodar y rodar y rodar...
Como hojas que danzan al viento,
así os recogerá el tiempo y os hará rodar
y rodar y rodar y rodar y rodar...
Como hojas que danzan al viento,
así os recogerá el tiempo y os hará rodar
y rodar y rodar y rodar y rodar...
.
Como hojas que danzan al viento,
así os recogerá el tiempo y os hará rodar
y rodar y rodar y rodar y rodar...
Nunca hay final, no hay final,
no es verdad, es verdad.
Nunca hay final, no hay final,
no es verdad, es verdad.
"Pearl", de Vladimir Kush.
"Mi táctica es
hablarte
y escucharte,
construir con palabras
un puente indestructible."