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lunes, 21 de noviembre de 2011

20N de 2011


Me avergüenzo de los ciudadanos de mi país. Y me avergüenzo de mí misma, en la parte que me toca, por no haber podido ni sabido hacer más para evitar lo que somos y para no sentirme avergonzada.

El miedo y la confusión son muy poderosos. Habrá que seguir luchando contra ellos.

"La pérdida de la identidad hace aún más imperiosa la necesidad de conformismo; significa que uno puede estar seguro de sí mismo sólo en cuanto logra satisfacer las expectativas de los demás. Si no lo conseguimos, no sólo nos vemos frente al peligro de la desaparición pública y de un aislamiento creciente, sino que también nos arriesgamos a perder la identidad de nuestra personalidad, lo que significa comprometer nuestra salud psíquica.

(...) Si nos limitamos a considerar solamente las necesidades económicas, en lo que respecta a las personas "normales", si no alcanzamos a ver el sufrimiento del individuo automatizado, entonces no nos habremos dado cuenta del peligro que amenaza a nuestra cultura desde su base humana: la disposición a aceptar cualquier ideología o cualquier "líder", siempre que prometan una excitación emocional y sean capaces de ofrecer una estructura política, y aquellos símbolos que aparentemente dan significado y orden a la vida del individuo. La desesperación del autómata humano es un suelo fértil para los propósitos políticos del fascismo."

[Erich Fromm, El miedo a la libertad. (Versión castellana de Gino Germani). Barcelona: Paidós, 1987.]
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 Viñeta de El Roto, 20 de noviembre de 2011.

jueves, 28 de abril de 2011

EJERCICIO DE INTROSPECCIÓN: DE PESSOA A SARAMAGO

aquí introspeccionándome
Alguien a quien no veía hace algún tiempo me ha dicho que he cambiado. Cuando te dicen eso no sabes bien qué contestar. Quizá es cierto o quizá no. O puede que las dos cosas a la vez. Me he acordado de un poema de Pessoa y he querido compartirlo con esa persona. Ahora lo comparto con vosotros:

NO SIEMPRE SOY IGUAL

No siempre soy igual en lo que digo y escribo.
Cambio, pero no cambio mucho.
El color de las flores no es el mismo al sol
que cuando una nube pasa
o cuando entra la noche
y las flores son color de sombra.


Pero quien mira bien ve que son las mismas flores.
Por eso cuando parezco no concordar conmigo,
reparad bien en mí:
si estaba vuelto para la derecha,
me volví ahora para la izquierda,
pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies.
El mismo siempre, gracias al cielo y a la tierra
y a mis ojos y oídos atentos
y a mi clara sencillez de alma.


(Fernando Pessoa, con el heterónimo Alberto Caeiro.
"XXIX - Nem Sempre Sou Igual", en O Guardador de Rebanhos. 1914)
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Luego está el espejo y la introspección. No puedo evitarlo, siempre vuelvo a mi dios Saramago, hijo literario de Pessoa:

"Naturalmente, su vida estaba construida de días, y de los días sabemos que aun siendo iguales no se repiten, por eso no sorprende que en uno de ellos, al pasar Fernando ante un espejo, viera en él, de refilón, a otra persona. Pensó que había sido una ilusión óptica más, de las que siempre van sucediendo sin que les prestemos atención, o que la última copa de aguardiente le sentó mal en el hígado y en la cabeza, pero, con cautela, dio un paso atrás para confirmar si, como dice la voz popular, los espejos no se equivocan cuando muestran. Por lo menos este se había equivocado: un hombre le miraba desde dentro del espejo, y ese hombre no era Fernando Pessoa."

(José Saramago, "Sobre Fernando Pessoa", en Otros Cuadernos de Saramago).
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José Saramago y Fernando Pessoa. Fuentes:
ElPaís.com - "Cuando la atmósfera tiembla (por Manuel Rivas)"
 Epistolario (Maldito) - "Se Te Queres Matar... (Versión Live)"
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