viernes, 21 de septiembre de 2012

EL ARTE DE AMAR (de PARACELSO a FROMM)

conoce y ama
Quien no conoce nada, no ama nada.
Quien no puede hacer nada, no comprende nada.
Quien nada comprende, nada vale.
Pero quien comprende también ama, observa, ve...
Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa,
más grande es el amor...
Quien cree que todas las frutas maduran
al mismo tiempo que las frutillas
nada sabe acerca de las uvas.

(Paracelso)


La sociedad concibe el amor como algo secundario, pasajero, mecánico, trivial…, frente a la importancia absoluta que otorga al éxito, el dinero, la posición, el prestigio, el poder. Lo percibo como un hecho.

Esto ocurre porque, además de la ausencia y/o precariedad de principios y valores humanos, no se toma el amor en serio, como lo que realmente es, una ciencia, un arte, la piedra filosofal de la felicidad. Al respecto, estoy muy de acuerdo con Erich Fromm: si queremos aprender a amar debemos actuar como lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, como la música, la pintura, la carpintería o la medicina. El apasionamiento es necesario, sí, pero también y sobre todo es imprescindible dedicar al amor la misma energía que se dedica a la búsqueda del éxito, el prestigio y el poder, que realmente son lo trivial en la vida.

Pienso dedicarle al tema y a Fromm más espacio en mi refugio catártico.

Portada de Ars amatoria (Ars Amandi), "El arte de amar", de Ovidio. 
Escrito y publicado entre el 2 a.C. y el 2 d.C.
Esta edición es de 1644, publicada en Frankfurt.
Fuente: Wikipedia

“¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno «tropieza» si tiene suerte? (…) Es indudable que la mayoría de la gente de hoy cree en la segunda.

No se trata de que la gente piense que el amor carece de importancia. En realidad, todos están sedientos de amor; (...) y, sin embargo, casi nadie piensa que hay algo que aprender acerca del amor.

Esa peculiar actitud se basa en varias premisas que, individualmente o combinadas, tienden a sustentarla. Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar. De ahí que para ellos el problema sea cómo lograr que se los ame, cómo ser dignos de amor. Para alcanzar ese objetivo, siguen varios caminos. Uno de ellos, utilizado en especial por los hombres, es tener éxito, ser tan poderoso y rico como lo permita el margen social de la propia posición. Otro, usado particularmente por las mujeres, consiste en ser atractivas, por medio del cuidado del cuerpo, la ropa, etc. Existen otras formas de hacerse atractivo, que utilizan tanto los hombres como las mujeres, tales como tener modales agradables y conversación interesante, ser útil, modesto, inofensivo. Muchas de las formas de hacerse querer son iguales a las que utilizan para alcanzar el éxito, para «ganar amigos e influir sobre la gente». En realidad, lo que para la mayoría de la gente de nuestra cultura equivale a digno de ser amado es, en esencia, una mezcla de popularidad y sex-appeal.

La segunda premisa que sustenta la actitud de que no hay nada que aprender sobre el amor, es la suposición de que el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad. La gente cree que amar es sencillo y lo difícil encontrar un objeto apropiado para amar –o para ser amado por él–. (…). Si bien no faltan consideraciones de índole convencional, la mayoría de la gente aspira a encontrar un «amor romántico», a tener una experiencia personal del amor que lleve luego al matrimonio. Ese nuevo concepto de la libertad en el amor debe haber acrecentado enormemente la importancia del objeto frente a la de la función.

Hay en la cultura contemporánea otro rasgo característico, estrechamente vinculado con ese factor. Toda nuestra cultura está basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los negocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea al contado o a plazos. El hombre (o la mujer) considera a la gente en una forma similar. Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir. «Atractivo» significa habitualmente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad. Las características específicas que hacen atractiva a una persona dependen de la moda de la época, tanto física como mentalmente. (…) La sensación de enamorarse solo se desarrolla con respecto a las mercaderías humanas que están dentro de nuestras posibilidades de intercambio. (…).

El tercer error que lleva a suponer que no hay nada que aprender sobre el amor, radica en la confusión entre la experiencia inicial del «enamorarse» y la situación permanente de «estar» enamorado o, mejor dicho, de «permanecer» enamorado. Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer de pronto la barrera que las separa, y se sienten cercanas, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes y excitantes de la vida. Y resulta aún más maravilloso y milagroso para aquellas personas que han vivido encerradas, aisladas, sin amor. Ese milagro de súbita intimidad suele verse facilitado si se combina e inicia con la atracción sexual y su consumación.

Sin embargo, tal tipo de amor es, por su misma naturaleza, poco duradero. Las dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial. No obstante, al comienzo no saben todo esto: en realidad, consideran la intensidad del apasionamiento, ese estar «locos» el uno por el otro, como una prueba de la intensidad de su amor, cuando sólo muestra el grado de su soledad anterior.

Esa actitud –que no hay nada más fácil que amar– sigue siendo la idea prevaleciente sobre el amor, a pesar de las abrumadoras pruebas de lo contrario. Prácticamente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor. Si ello ocurriera con cualquier otra actividad, la gente estaría ansiosa por conocer los motivos del fracaso y por corregir sus errores –o renunciaría a la actividad–. Puesto que lo último es imposible en el caso del amor, solo parece haber una forma adecuada de superar el fracaso del amor, y es examinar las causas de tal fracaso y estudiar el significado del amor.

El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería.

¿Cuáles son los pasos necesarios para aprender cualquier arte? El proceso de aprender un arte puede dividirse convenientemente en dos partes: una, el dominio de la teoría; la otra, el dominio de la práctica. (…) Solo llegaré a dominarlo después de mucha práctica, hasta que eventualmente los resultados de mi conocimiento teórico y los de mi práctica se fundan en uno, mi intuición, que es la esencia del dominio de cualquier arte. (…).”

[Erich Fromm: El arte de amar. (The Art of Loving. 1956). Traducción de Noemi Rosenblaitt. Barcelona, Paidós, 2005.]



Julieta Venegas - "Amores platónicos" (Otra cosa. 2010)



Silvio Rodríguez - "Por quien merece amor" (Unicornio. 1982)



"El arte impulsa con las velas y el remo las ligeras naves,
el arte guía los veloces carros, el amor debe regirse por el arte."
(Ovidio, Ars Amatoria) (Original aquí)
.

2 comentarios:

Jesús Ruiz Pérez dijo...

Eres sabia, y un ángel. ¡Qué fácil es olvidar lo importante!

Susana R. Verano dijo...

Alguien dijo que un sabio de verdad es aquel que es riguroso consigo mismo y amable con los demás. Me temo que no cumplo todo eso. Sobre lo segundo, ahora entiendo el picorcillo en la espalda: ¡Me están naciendo alas!
Besos.