viernes, 11 de mayo de 2012

SOBRE EL MAL (II)

... pero nadie llama violento al lecho que lo oprime.
Ayer lidié durante largo rato con una mala persona. Y lidiar es el verbo más exacto. Su condición de malvada no fue una "simple" impresión de quien esto escribe. Objetivamente, se trata de un ser humano malvado. Y me impresionó. Supongo que impresionan aún más cuando los conoces-tratas en persona.

Sinceramente, no sé qué es más difícil o qué resulta más natural, si el ser virtuoso del bien o ejercer la maldad a conciencia. Como ya dije en otra publicación, la maldad es sobre todo una búsqueda de identidad (percepción del mundo y forma de estar en él) y, por ello, tiene tanto de racional, objetivo y humano, como lo tiene de creencia (superstición, religión), fanatismo, aspiración a lo hiper-humano y a lo divino, humanidad desbordada e inhumanidad desbordante a la vez. El mal es una inmensa paradoja amenazante. Por eso es tan peligroso y dañino. Por eso, también, es fascinante.

Cuando le escuché hablar, y mientras le observaba, pensé en Brecht:


"Sobre mi pared hay una talla japonesa de madera.
Es la máscara de un demonio del mal, pintada en laca dorada.
Lleno de compasión observo
las venas hinchadas de las sienes, que revelan
el esfuerzo que exige ser malvado."

[Bertolt Brecht: "La máscara del mal" (1942). En 80 poemas y canciones. Selección y traducción de Jorge Hacker. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 1999.]

Dos de mis malos favoritos: Hannibal Lecter (The Silence of the Lambs, 1988) y Anton Chigurh (No Country for Old Men, 2007).

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