jueves, 14 de abril de 2011

¿QUÉ REPÚBLICA?

utopía
 La velada en Benicarló (1939), de Manuel Azaña, es un libro-diálogo imprescindible para conocer y comprender el porqué del fracaso de la República en España y el estallido y desarrollo de la guerra civil.

Azaña, Presidente de la Segunda República Española de 1936 a 1939, escribió este diálogo en plena guerra, oculto, durante el asedio de Barcelona en mayo del 37. Los personajes son inventados, pero muy identificables para quien posee cierto conocimiento de la España de esa época. Y como él mismo apunta en el preliminar, "exhibe agrupadas, en formación polémica, algunas opiniones muy pregonadas durante la guerra española, y otras, difícilmente audibles en el estruendo de la batalla, pero existentes, y con profunda raíz."

Son muy evidentes la frustración, la tristeza, la angustia, el desánimo y el pesimismo que Azaña y sus personajes (ficticios pero muy reales) viven en esos momentos: la República fracasada y la guerra civil desatada.

Dos conclusiones muy claras para él y para todos: toda guerra es cruel, innecesaria e inútil; y ningún sistema político merece ser justificado ni puede ser defendido con una guerra (tampoco abolido).

Hoy, 14 de abril, en España algunos conmemoran el 80 aniversario de la proclamación de la Segunda República. Ansían recuperarla, porque era el sistema de gobierno elegido legal y democráticamente, frente a la dictadura y la barbarie posteriores, frente a la obsoleta, ineficaz y pseudodemocrática Monarquía Parlamentaria actual.

Me parece legítimo. Me gusta la idea de una República. Pero yo me pregunto: ¿qué República?

De acuerdo con estos párrafos, si estamos dispuestos a aprender de la historia, pienso que no aquella, no aquí y ahora: 
 
"La corriente inspiradora de la República ha quedado desviada o enturbiada. Ahora me doy cuenta de que muy pocos bebían en ella, si no era por frivolidad o por conveniencia de adaptarse. Todavía la recuerdan o la invocan algunos, cada vez menos, y aunque oficialmente no se ha renegado de ella, solamente un tonto dejará de advertir en esa reserva la capa de la astucia. Lo harán en el momento oportuno. No me refiero, como creerán muchos, al llamado "desbordamiento" político y social. La tolerancia religiosa introducida por fuerza de ley en un país de intolerantes, la libertad de conciencia y de cultos, se han anegado en la matanza de curas, en la quema de iglesias, en convertir en almacenes las catedrales, de una parte; y de otra, en fusilar masones, protestantes y ateos. Así en los restantes temas adoptados por la República en su acción inmediata. Pero no me refiero a ello. Pienso en la zona templada del espíritu, donde no se aclimatan la mística ni el fanatismo políticos, de donde está excluida toda aspiración a lo absoluto. En esta zona, donde la razón y la experiencia incuban la sabiduría, había yo asentado para mí la República. La República no tenía por qué embargar la totalidad del alma de cada español, ni siquiera la mayor parte de ella, para los fines de la vida nacional y del Estado. Al contrario: había de desembargar muchas partes de la vida intelectual y moral, indebidamente embargadas, y oponerse a otros embargos de igual índole, pedidos con ahínco por los banderizos.
(...)
Si la República no había venido a adelantar la civilización en España ¿para qué la queríamos? De ahí el segundo término de mi pensamiento: sacar a luz, poner en primera línea lo valioso en el orden intelectual y moral. Quienes han creído, o aparentado creer, que la República era antiborbonismo, anticlericalismo, anticentralismo, son unos majaderos o unos bribones. En otros tiempos, el Estado o la Iglesia han embargado la totalidad del alma del hombre. El sistema reaparece en nuestros días bajo emblemas diversos, que se hostilizan entre sí, aunque en realidad no son tan diferentes como aparentan.
(...)
No es desengaño: De nada tenía que desengañarme. Me reconozco ajeno a este tiempo. Los hombres como yo hemos venido demasiado pronto o demasiado tarde. A no ser que nuestra inutilidad pertenezca a todos los tiempos, a todas las situaciones. Cuanto habrá de hacerse en España de ahora en adelante, pisotea mis complacencias, contradice mis inclinaciones, mis gustos. Quiere decirse que en vez de auxiliar, estorbaría, pese a mi buena voluntad. No crea usted que estoy fanatizado por el espíritu liberal. Con los incontables casos de gran ambición política, establezco dos únicas series respetables, encabezadas por Pericles y Trajano. Detrás de cada uno, ponga usted a quien le plazca. En medio no hay sino charlatanes, bebedores de sangre, locos... En las condiciones de la vida moderna no puede repetirse el milagro ateniense. Para hacer el Trajano no basta ceñir la coraza y empuñar el gladio del andaluz romano. Se necesita un grande hombre... Inútil será buscarlo en los alrededores de Hispalis. Si lo hubiese, me ofrecería de secretario para poner sus proclamas en este latín estropeado que escribimos los españoles. Las imitaciones geniales, pero extemporáneas, suelen ser ridículas y de seguro lastimosas. La más ilustre de todas en los tiempos modernos es la imitación de Carlomagno. Bonaparte ganó cien batallas y con su locura y su gloria dio e hizo dar a su país un batacazo sin ejemplo. ¿Conocen ustedes en España a alguien que haya ganado siquiera la batalla de Marengo?"
 
(Manuel Azaña, La velada en Benicarló. 1939)
 
Manuel Azaña y la bandera republicana
Fuente: Izquierda Republicana Andalucía


"Cuando alguien nos pregunta qué somos en política o, anticipándose con la insolencia que pertenece al estilo de nuestro tiempo, nos adscribe a una, en vez de responder, debemos preguntar al impertinente qué piensa él que es el hombre y la naturaleza y la historia, qué es la sociedad y el individuo, la colectividad, el Estado, el uso, el derecho. La política se apresura a apagar las luces para que todos estos gatos resulten pardos."

(José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas. 1929)
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2 comentarios:

Jesús Ruiz Pérez dijo...

Terrible: "Los hombres como yo hemos venido demasiado pronto o demasiado tarde. A no ser que nuestra inutilidad pertenezca a todos los tiempos, a todas las situaciones".
Pero discrepo un poco de tu razonamiento: precisamente ahora se dan las condiciones propicias para que el proyecto republicano de Manuel Azaña triunfe. Fracasó en la Europa de Entreguerras, pero ahora, cuando no hay casi "agitación social", y sólo se aceptan como únicas formas de participación en la vida pública los cauces del parlamentarismo, pese a su carácter cada vez más devaluado, se dan las formas óptimas para su triunfo. Se ha formado la "ciudadanía" ideal de Azaña en el alma de los españoles.
Bien pensado, no quiero un triunfo de la República sin un idéntico resurgir de las formas de participación de base, comunitarias, activas, que tuvo nuestra Segunda República. ¿Para qué, si no?

Susana R. Verano dijo...

No lo sé. Me decepcionan tanto las personas en general. Tengo tan poca fe en ellas... Siento a mis conciudadanos egoístas, insolidarios, conservadores, conformistas, apáticos, acomodados en lo miserable, sin inquietudes, sin curiosidad, sin ganas de arriesgarse para conseguir un sistema mejor, más justo...

¿Preparados para una república? Con todo lo dicho... Tienes la impresión de que falla la educación. Intuyes que quien alce la voz con la pretensión de cambiar la miseria aceptable (para ellos), provocará un conflicto peligroso o saldrá trasquilado. Por otra parte, sinceramente creo que los guardianes de este sistema son demasiado poderosos como para permitir el quebranto de la "paz social" de su sistema.

Y el optimismo nunca podrá cambiar las cosas.