lunes, 14 de junio de 2010

SOBRE EL SUFRIMIENTO

sufrir es vivir
Decía Budha: "El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional". Pero... ¿realmente es opcional? ¿Es inevitable? Al respecto, allá va esto: François Fénelon atribuía el sufrimiento más a la imaginación, acrecentadora de males, que al hecho mismo susceptible de padecimiento. O sea, que el sufrimiento literalmente nos lo inventamos cada uno. Y añadía: "El que no ha sufrido no sabe nada; no conoce ni el bien ni el mal; ni conoce a los hombres ni se conoce a sí mismo." Luego... ¡viva el sufrimiento!, que además es un invento.

Partiendo de que ser mártir es denigrante y estúpido; y ser pusilánime, también. Y de que la esperanza es irreal, un fraude sentimental, un castillo en el aire, niebla de colores que enturbia la visibilidad, la objetividad. Entonces, ¿cómo ser ante el sufrimiento? ¿Hay tantas formas "correctas" de ser ante el sufrimiento como personas? Si es así, lo que sirve a uno no tiene por qué servir a otro. Si es así, teorizar en general es inútil.

Los psicólogos hablan de resiliencia (del latín resilio, "volver atrás de un salto, rebotar"), definiendo este concepto como la adaptación a la adversidad, la aptitud para preservar la integridad en momentos difíciles, la capacidad para sobreponerse al dolor emocional. Muy Viktor Frankl (El hombre en busca de sentido), psiquiatra judío superviviente de los campos de concentración nazis: "Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento."

Curioso. El concepto resiliencia es una metáfora que nos remite al mundo de la metalurgia: capacidad de los metales para resistir los impactos y mantener o recuperar su estructura interna original. Cosificar al ser humano. De este modo, las metáforas nunca serán del todo precisas y adaptables al ser humano.

"Cualquiera puede dominar un sufrimiento, excepto el que lo siente", decía Shakespeare. No hay resiliencia perfecta.

Saber sufrir. Esa es la cuestión. Y desde luego no hay una solución previa que poner en práctica. Mucho menos una solución teórica previa para todos, como muchos creen. Supongo que la vamos buscando y encontrando (o no) a la par que sufrimos. Como decía Oscar Wilde, sufriendo somos conscientes de que existimos. Más incluso que el amor, la calidad de la existencia la aporta el sufrimiento y cómo lidiamos con él.
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"Sufro, luego existo"
(Arthur Schopenhauer)
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2 comentarios:

A. dijo...

Estamos en junio, se acerca ese día. Aquí hablas de ti, aunque no lo hayas explicitado. Recapitulas un año después. Y me encanta ver cómo conviertes tus propios asuntos en filosofía común, generalizable. Lejos pero cerca. Eres tan........ humanista.
No creo que la esperanza sea irreal, lo real o irreal es cómo la afrontas. A diferencia de lo que tú crees, pienso que es necesaria.
Te estaré observando.

Susana R. Verano dijo...

Creé este blog fundamentalmente con el fin de que fuera un instrumento catártico. Para mí. Y con el propósito, también, de compartir mis inquietudes con aquellos que quisieran acercarse y leerme. Escribir por placer o por necesidad anímica siempre implica delatarse. De manera que sí, todo lo que aquí escribo es muy personal, íntimo, independientemente del tema o de si el parto resulta más o menos explícito.

La esperanza siempre será irreal, mejor o peor afrontada, porque se "sustenta" en el deseo. Anhelamos, sin fundamento, que algo que ni siquiera es posible las más de las veces, se convierta en real. Nos olvidamos de lo objetivo, del equilibrio, de la realidad.

Por cierto, no me malinterpretes (o sí), pero me observarás lo que yo te permita que me observes. ;)